Cerca del Abismo

A quiénes corresponda:

Antes que nada quiero decir que lo que leerán a continuación no es para alarmarse, aún no es mi carta de suicidio, por el contrario creo que es la forma más bella de demostrarles cuán importantes son para mí, y es por ahora, el único rito que tengo para desahogarme y despejar mi alma y mis pensamientos.

Quiero comenzar citando una canción, esa que dice: “I just want to feel real love, feel the home that i live in. ‘Cause I got too much life (and love) running through my veins, going to waste. I don’t want to die, but I ain’t keen on living either. Before I fall in love I’m preparing to leave her (him).” Así me siento, este año ha sido bastante extraño, realmente se ha hecho a la tarea de golpearme, alzarme y soltarme. Sé que todos tenemos nuestros problemas, ninguno por encima del otro, pero eso sí, todos son diferentes, con diferentes circunstancias y grados de dolor, pero problemas al fin.

Espero no ser incómodo o jarto con estas letras. Realmente deseo de todo corazón que sus vidas estén estables dentro de lo que cabe y ya conocemos, luchen por favor cada día por construirse, por edificarse, solos y en compañía, no se desenamoren de ustedes mismos, yo ya lo hice y es una gonorrea. Recientemente he tenido demasiado sentimentalismo latente en mi respirar, en mi caminar y en mi pensar, lo odio, lo detesto, me hace sentir inútil, me hace sentir vivo y a la vez que estoy muriendo. Voy caminando muy tranquilo y de repente me invaden unas infinitas ganas de llorar, de gritar. La capacidad de asombro se me ha triplicado. Recuerdo que estando en la ciudad de Pasto, al ver un desfile autóctono comencé a llorar sin más, fue algo verdaderamente ridículo.

Mi psicóloga y yo hemos llegado a la conclusión de que hay cosas que buscar dentro de mí, cosas a lo mejor que sanar o corregir. Quién sabe. Lo cierto es, mis queridos, que mi autoestima está herida, bastante herida, ha existido en mi la absurda idea de creer que uno muchas veces no es lo suficientemente bueno para alguien, a todo eso se le junta mi afectividad, yo el más ogro de todos, al que ven seguro de sus decisiones y de sus cosas, paradójicamente temo, mi seguridad no es tan así, no lo es, es una fachada, Me doy cuenta de ello mientras corro por este puente casi destruido por el mucho tiempo después de su construcción, la madera que aún sigue sólida y que piso sin cautela alguna, desprende un olor a vejez, a esos años de los hebreos cánticos, los hebreos misterios. Se han ido mis pensamientos inocentes, al igual que la suavidad de mi piel, se ha ido mi deseo por jugar con los carros en la arena y hasta con las muñecas en el encierro de mi habitación, se ha ido la virginidad de mi mirada, se escapó toda mi marcha, toda mi generación, toda mi devoción, toda mi oración, toda mi vida.  No sé quién me recompensará todos estos años perdidos inundados en mares de llanto, no sé cómo reconquistar esta vida que desde hace algunos ayeres comencé a dejar ir al alcantarillado, no sé si toda esta destrucción tanto de exterior como de intimidad será solamente un breve pasaje, no sé si desee saber más malas nuevas que es de lo único que ha estado rebosada mi biografía. No he sabido nada real, de valor, no sé si este estado de pudrición se canjeará, no sé si algún día deje de pretender que todo pasará, que lo malo se permutará, y que la luz que se mantiene ausente, por alguno de esos milagros que no sé si verdaderamente existan, reaparecerá.

Algo tengo claro, haberlo dejado a él fue la mejor decisión que pude tomar o eso creo, sin embargo está en mí la necesidad de algo intenso, bello y bonito, de compartir y crecer junto a alguien, supongo que son etapas, al tener esa necesidad mi corazón se contamina y se raya con muchos pensamientos e incluso personas.

Académicamente me ha ido bien, he estado estable, con algunas sorpresas, pero bien al fin, sin embargo eso no basta, ni bastará, no es suficiente tener el trabajo de tus sueños, o la estabilidad económica que querías, o por la que te preocupabas, lo que basta son los lazos, de afectividad, de cariño, de compañía, el resto es adorno, es plástico y superficialidad.  Creo que he expresado cosas que no tenía pensado expresar ni compartir, pero sí están escritas aquí por algo ha de ser. Quedan muchas cosas por compartir, pero a lo mejor en otras letras serán.

Me despediré con el fragmento final de la canción inicial: “There is a hole in my soul. You can see it in my face,  it’s a real big place.”

Att:

XXXX XXXXX XXXX

Sin Rencores

Luisa:

Quisiera empezar esta carta diciéndote que no estoy herido, que no me duele, que es el humo del cigarrillo que me hace llorar y que te deseo todo lo mejor. Pero no, no es la manera de empezar una carta. En todo caso quería contarte que el día de ayer los vi en el parque. Ramón está obeso, no sé si tu obsesión con que engordara era solo para que me pareciera más a él. Por cierto, Ramón tiene todavía el paraguas que le presté hace un par de semanas, iba a decir que me lo devolviera pero en todo caso creo que te hará falta a ti cuando él habla: no sabe mover los labios sin mantener la saliva dentro.

Pensarás que escribo esta carta con rencor, pero nada más alejado de la verdad. Yo estoy totalmente tranquilo, la vida me ha enseñado que a todos se les devuelve lo malo que hicieron. Para la muestra un botón: esta mañana sin querer le rompí las ventanas al auto de Ramón. Te digo de todo corazón que fue sin querer, verás, yo quería romperle la testa a tu nuevo novio, pero pensé en que eso podría traerme múltiples problemas. Luego recordé su nuevo Alfa Romeo, un carro bellísimo, único en su clase.  Pensé que eso sería tan reconfortante como pegarle una patada en sus caídos testículos. Creo que así fue, ya que me quedé un rato por el lugar (algo bastante idiota y arriesgado lo sé), y me sentí casi que complacido al ver aquel elefante vociferar y casi llorar al ver su deportivo con mis daños. Dirás que fui excesivo y que Ramón nada tenía que ver, y tienes toda la razón, luego me sentí algo mal y recordé que la culpa era casi exclusivamente tuya. Entonces hice lo que todo hombre sensato haría. No, no me conseguí una jovencita, tampoco dañé tus pocas pertenencias que quedaban en la casa, mucho menos hablé mal de ti, simplemente lo acepté y me fui.  Dejando los rencores de lado Luisa, espero que tengas una buena vida, espero que no me busques nunca más. No me escribas, cambié de correo, de número celular y cerré mis redes sociales. No vayas al apartamento  porque lo vendí (sin querer se valorizó en el último año y me pagaron cuatro veces más de lo que costó). Ahora vivo lejos hasta de mi conciencia y de tu recuerdo.

Pd. Fui yo quien rompió el vidrio de tu cuarto y de Ramón para sacar los dos libros que me robaste, espero no te importe.

Att…

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