Estrella madre

Ausencia y vacío parecen ser la condición común y permanente en la vida de los seres que transitan por “Estrella madre”, la última novela de Giuseppe Caputo. Sus tres personajes principales viven solos y en la pobreza más absoluta. Son seres marginados que deben estar permanentemente luchando para sobrevivir, donde sus mundos son los del abandono y la búsqueda. La imagen de la madre juega un rol fundamental en las historias que se entrecruzan a lo largo de la novela. Primero, un narrador joven, nos relata la sostenida angustia que le ocasiona la incertidumbre del regreso de su madre al pequeño y desmantelado departamento donde vive. “Mi casa está en el corazón de un edificio descascarado, más roto que la propia ciudad: más viejo, parece, que el hambre de mi madre -ella siempre está con hambre-”(26).   Ella se ha marchado para encontrar una vida mejor, tomando la decisión de dejar a su hijo que ya está grande. Sin embargo, este no puede olvidarla, pues a lo largo de todo el relato su vida se mueve, como un planeta en torno al sol, con la esperanza que ella lo llame o regrese. El deambular y la expectativa de su retorno, mantienen al hijo atento a una posible llamada por teléfono para escuchar su voz y saber donde está, puesto que sus sentimientos se balancean entre el amor(recuerdo de la madre) y la tristeza(la ausencia de ella). Es tan poderoso el sentimiento de esta ausencia, que él mismo siente que no está presente  en su propia vida, pues esta espera no lo deja seguir adelante y lo mantiene clavado a un pasado que cada vez se diluye más. 

Los otros dos personajes que están a lo largo de la narración también viven solos: Luz Bella y Madrecita. La primera ocupa el departamento de al lado y pasa el día frente al televisor, sentada en su poltrona viendo la telenovela o sencillamente observando el televisor apagado, “la pantalla es su espejo y en ella se mira para ponerse los rulos. Solamente la he visto pararse para comer o tomar agua”(24), su vida, es decir lo que realmente la motiva son las telenovelas, con las cuales se apasiona, disfruta y llora. Ella asimila esas vidas como propias, escapando así de su triste realidad, pues ellos mismo no son nada, no ocupan un lugar en la jerarquía social, como dice Zizek. Son una población cuya única batalla es conseguir algo para comer. 

Por otro lado, Madrecita es una mujer que alucina que tiene hijos y que además está embarazada de un tercero o cuarto, depende de los hijos que se le consideren. “Ida hace de su hijo a prácticamente todo lo que ve y toca: por eso le decimos Madrecita. Aparte del bebé  que hace años está por nacer, cuida a otro de edad indefinida-lo llama Albertico….de igual forma es madre de unas ollas, Dolores y Caridad”(34) Su vida es una especie de permanente locura, que a pesar de esto, le permite mantener una relación de equilibrio con sus particulares vecinos, formando un trio de amistad que se acompañan y ayudan solidariamente, pues en las vidas de los tres falta algo o alguien, una carencia que no les permite alcanzar la felicidad plena. 

En su última novela, “Estrella Madre” (Literatura Randomhouse, 2020) el talentoso escritor colombiano, Giuseppe Caputo, elabora un trabajo acerca de los desplazados, aquellos que no son vistos por la sociedad, cuyas vidas se deben mover permanentemente entre la violencia, el sufrimiento y el dolor. Una historia que nos acerca a las oscuridades y miserias de un sistema económico y global, que intenta mantener ocultos a los pobres y a aquellos que no encajan en el sistema de competencia y consumo que se ha instaurado.  Una lectura obligatoria para aquellas mentes que desean explorar lenguajes y formas narrativas diferentes, donde la literatura es el espejo roto de un mundo que se desmorona frente a nuestros ojos y que nos negamos a ver.

VENDER EL ALMA POR AMOR

Cuando uno crece en Colombia, soñar con un mejor futuro se resume en una sola palabra: emigrar. Podemos decir que lo mismo sucede en Siria, un país fragmentado de donde sus ciudadanos tratan de huir con lo poco que tienen a su alcance. Huir, emigrar o transitar, son verbos que han acompañado a la humanidad desde sus inicios hasta la llegada de otras palabras como frontera o visa. Desde entonces todo ha cambiado. Ya no se puede huir, emigrar o transitar sin tener documentos que prueben que uno se ha “ganado” ese derecho, que uno es idóneo para hacer parte a la tierra a donde va. En The Man Who Sold His Skin lo resumen con la siguiente cita:

“Vivimos en una época muy oscura donde sí eres sirio, afgano, palestino y demás, eres una persona non-grata. Se cierran las puertas.”

Jeffrey Godefroy

La premisa de la cinta es la de una migración a cualquier costo. El protagonista Sam (Yahya Mahayni) es un refugiado sirio que desear estar con la mujer que ama, pero que por cuestiones de la vida y las diferencias de clase, ésta termina mudándose a Europa en el marco de un matrimonio arreglado. Es allí cuando Sam decide hacer todo lo que pueda para ir tras ella a como dé lugar, sin importar que más allá de vender su cuerpo, deba vender también su alma. Este deseo será como abrir la caja de Pandora para él, pues desatará una serie de infortunios que lo llevarán a cuestionarse sobre su humanidad y en cierta medida sobre su valor como mercancía.

The Man Who Sold His Skin a grandes rasgos es una sufrida historia de amor contemporánea, pero que a alrededor de dicha historia, se hacen presentes otras ideas que van tomando mayor resonancia con lo que respecta al arte contemporáneo, ya que se muestra este de manera satírica, con su deseo de figurar constantemente en nuevos espacios y sus círculos decadentes que gozan de un sinnúmero de privilegios. Una élite que, con un nombre o un gesto, logran abrir un sinfín de puertas y oportunidades. Sam pasará de ser un paria a el mayor objeto de deseo para esta élite que poco a poco va consumiendo su alma y olvidando que más allá de una obra de arte, Sam es un ser humano también.

Esta deshumanización que expone la película también funciona como crítica de lo que ha llegado a ser la crisis de los migrantes sirios en Europa. Ya nadie en el viejo continente se escandaliza con los afganos, sirios o palestinos que se ahogan en las aguas del Mediterráneo, pues se han convertido en parte del paisaje al ser otra noticia más de la semana. Solo son relevantes cuando sus acciones de desesperación hacen eco en las indiferentes calles de Europa. Entonces, The Man Who Sold His Skin, no presenta algo distinto o novedoso de lo que no tuviéramos conocimiento previo, sino que logra volverlo llamativo al establecer un diálogo entre estas dos ideas: cuando el protagonista accede a vender su piel para convertirse en la obra de arte de Jeffrey Godefroi (Koen De Bouw) y la mercancía de Soraya Waldy (Monica Bellucci). Sam ya no posee una vida propia porque ha dejado de ser un humano para convertirse en un objeto apetecido por las élites que le brindan una aparente libertad de movimiento para ir a cualquier lugar y todo solo a costo de perder eso poco que poseía, su vida, su alma. De esta manera, The Man Who Sold His Skin, logra de manera formidable este dialogo entre esas dos ideas, pues nos lleva a cuestionar los límites tanto del arte en diferentes espacios y el precio que pagamos con tal de ser aceptados al momento de emigrar.

La cinta concluye de forma positiva en general, ya que a pesar de este crudo debate alrededor del arte contemporáneo y la crisis migratoria que plantea, nunca deja de ser una historia de amor. Su final feliz deja al espectador insatisfecho, como con ganas de haber ido un poco más allá, lo nos lleva a reflexionar sobre ¿qué tan dispuestos estaríamos a perder nuestra humanidad solo con el fin de alcanzar una estabilidad, tal como lo hizo Sam?

Eric Sadin y la batalla contra la inteligencia artificial

Sadin, Eric. La inteligencia artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical. Caja negra editores, 2020. Impreso.

No es posible hablar de inteligencia artificial, sin antes mencionar que el capitalismo se ha
consolidado a nivel global y se esconde detrás de un espejismo: el de la libertad. Durante
los últimos treinta o cuarenta años, a través de un falso discurso, ha generado una red
mundial que propende al sometimiento de los individuos, sistema que por lo demás es muy
difícil de soslayar. La construcción de este entramado político-económico cuenta con las
herramientas para destronar cualquier otra verdad, y opacar las alternativas que se
presentan frente al sistema económico que se ha propuesto expandir, un sistema que
enarbola permanentemente la libertad de las personas como fundamento de su crecimiento
y desarrollo.


Han sido capaces de globalizar un discurso que equipara crecimiento económico con
desarrollo y bienestar social, levantando las banderas de una falsa libertad, mientras engrilla
los pies de los sujetos, a través de la propagación de un estilo de vida basado en la
competencia salvaje y el eterno endeudamiento de las personas. ¿no esto lo que detonó el
“estallido social” de Chile en Octubre de 2019?¿Acaso no es la falta de libertad para
escoger otro camino, lo que nos tuvo por treinta años siguiendo el derrotero implementado
por los hijos de Pinochet y sus políticas ultra neoliberales? Y si la libertad es la bandera de
lucha de la derecha capitalista, ¿por qué existe tanto miedo y resistencia a competir en las
urnas por una nueva constitución? Y el permanente discurso de los innumerables beneficios
de la tecnologización de nuestras vidas ¿no es otra de las falacias que utiliza el capitalismo
para conculcar nuestras libertades? Todas estas preguntas saltan frente a la lectura del
último trabajo de Eric Sadin.


Ya en sus primeros dos libros “La humanidad aumentada: la administración digital del
mundo”(Caja negra editores, 2018) y “La siliconización del mundo. La irresistible
expansión del liberalismo digital”(Caja negra editores, 2018), Sadin nos advertía de las
complejidades que acarrea para la vida humana la expansión sin control de la digitalización
y la inteligencia artificial, pues es una forma de controlar otros ámbitos de la vida que
estaban quedando fuera de los ya sometidos por el capitalismo. En este sentido, no parece
arriesgado plantear, que a lo menos las dos últimas generaciones de seres humanos han
nacido y crecido bajo un proceso de sujeción capitalista y tecnológica que impide, o que
por lo menos les hace muy difícil encontrar modos de vida distintos de los que ha
escuchado y visto desde que llegaron a este mundo, entendiendo que una racionalidad
digital es mucho mejor que una humana, ya sea por su certeza y efectividad o por las
facilidades que prestaría en la vida cotidiana. Y se pregunta Sadin “¿cómo llegamos a esa
forma de narcosis y renuncia colectivos, que contribuyen a dejar el campo libre a quienes
obran encarnizadamente para instaurar una conducción automatizada de los asuntos
humanos?” (37). Una posible respuesta estaría asociada a conceptos capitalistas: eficiencia
y eficacia, exactitud de cálculo, economía, y por supuesto, intensificar lógicas productivas.

Todos estos conceptos guiaron el desarrollo del modelo chileno, que durante los últimos
treinta años se encargó de gestionar el país como una empresa, pero no de desarrollarlo en
índices relevantes a nivel social. Basta mencionar que el crecimiento con igualdad jamás se
ha logrado, y por el contrario, se ha destruido de forma persistente la educación y la salud
pública, además de convertir el sistema de pensiones en una forma de financiamiento barata
para las grandes compañías del país. Bajo el lema del “modelo no se toca”, pues generaría
una serie de inestabilidades macroeconómicas, se mantuvo durante décadas una creciente
distribución del ingreso muy injusta, la que finalmente terminó por estallar el 18 de octubre
del año 2019, pues ya no se aguantaba más la colusión del conglomerado político, con las
grandes compañías que pujaban por seguir manteniendo el modelo, basado en una
permanente explotación de amplias capas sociales, a las que mantenían en la miseria o en
permanente endeudamiento. Nunca hubo libertad para escoger otra forma de desarrollo que
no fuera la establecida por el capitalismo chileno.


En este sentido, nuestra forma de ser en el mundo contemporáneo, y la manera de
desenvolverse de los individuos, estaría total y completamente condicionada por este
sistema, donde la libertad para escoger no existe, “parodias de libertad” lo llama el escritor
argentino Alan Pauls, pues el capitalismo se ha enfocado en “Instaurar modos de existencia
cada vez más sometidos a esquemas racionales que favorecerían el apogeo de estructuras
asimétricas de poder”(39), donde la vida humana estaría completamente gobernada por un
sistema tecnológico de alcance totalizador, cuyo enfoque sería orientar las acciones
humanas, tal cual ha sido el discurso de este modelo económico, que durante décadas nos
ha encaminado hacia una sociedad que no nos entrega posibilidades de elegir, donde la
libertad se da entre alternativas que ellos mismos han propuesto. En el caso chileno, la
derecha hasta el día de hoy mantiene una campaña del miedo frente a la posibilidad de
cambiar nuestra constitución de manera libre y soberana, pues la amenaza permanente es
que nos convertiríamos en la nueva Venezuela, lo que traería aparejado el total desplome de
nuestra sociedad. Es decir, el constante uso de la violencia discursiva, que tan
profundamente ha marcado a los hombres y mujeres de nuestro país. ¿No será que los
privilegiados de siempre son los que corren riesgos de perder sus posiciones de poder?
Es inevitable, luego de la lectura del último trabajo de Sadin, no pensar que desde su
nacimiento los seres humanos “aparecen como un cuerpo instrumental” (Butler), cuya
función sería aportar para perpetuar el orden establecido, ya que todo está constituido para
la subordinación inconsciente al actual sistema económico, político y tecnológico. La
campaña política del rechazo fue un discurso que apunta a mantener este orden, pues ven en
los posibles cambios que se generen, una amenaza al injusto mundo que ellos han
construido, donde la pobreza material, pero sobre todo la cultural, ha sido su mejor aliada.
Se nos inculcó que debíamos ser emprendedores e instalarnos en el mercado para ser
exitosos, y así conseguir lo que quisiéramos. Sin embargo, el camino del emprendedorismo
no es el camino hacia libertad, sino hacia la esclavitud sistémica y financiera.


Dicho lo anterior, y en el supuesto de las múltiples alternativas para desarrollar una vida en
libertad, nos encontramos con que todos los caminos están contaminados con la lógica
tecnocapitalista. Este tipo de sometimiento, por lo tanto, configura a los sujetos para que
persistan en estas formas de desarrollo alimentando el mismo sistema, cuyas normas están
dadas desde antes que hayan nacido. “Toma forma un estatuto antropológico y ontológico
inédito que ve como la figura humana se somete a las ecuaciones de sus propios artefactos
con el objetivo prioritario de responder a intereses privados y de instaurar una organización de la sociedad en función de criterios principalmente utilitaristas”(21), nos advierte Sadin,
poniendo el énfasis en el cambio de estatuto al cual se estaría enfrentando la humanidad.
El contundente trabajo del pensador francés, nos invita a cuestionarnos por el tipo de vida
que estamos viviendo. Fomenta la reflexión y la capacidad de oponerse como sociedad a
este fenómeno de la inteligencia artificial, que supuestamente trae aparejados innumerables
beneficios. Sin embargo, la advertencia es clara, detrás de esta nueva forma de capitalismo,
el de las plataformas y el de la tecnología, se esconde un poder absoluto, aquel que busca
dominar todos los ámbitos de la vida humana. Es por esto que la reflexión de Sadin, es
absolutamente contemporánea al proceso constituyente que estamos viviendo, pues nuestra
sociedad está a punto de iniciar un giro hacia otro tipo de mundo, uno más solidario y
menos competitivo, donde las normas del mercado guíen solamente los negocios y no la
vida entera, donde la tecnología sea una herramienta y no un sistema de vida. Conciencia y
responsabilidad para tomar decisiones, y no entregar el poder constituyente a una clase
política manejada por los intereses capitalistas. La consigna de Sadin es deshacerse de los
esquemas que hasta ahora nos han regido, advirtiéndonos de pasada, que la bandera de la
libertad, enarbolada por la derecha empresarial, no es más que una falsedad para mantener
las cosas tal cual están.

Borat 2: La secuela que necesitábamos, pero no la que esperábamos

La segunda aventura yanqui de Borat Sagdiyev, titulada como Borat, siguiente película documental: Entrega de un soborno prodigioso al régimen estadounidense para beneficiar a la alguna vez gloriosa nación de Kasajistán, fue lanzada con muchas expectativas entre quienes ya conocían al emblemático personaje y aquellos que hasta ahora lo conocen, pero no terminó de convencer.

Sacha Baron Cohen es un genio de la comedia negra y no ha perdido esa particular forma de hacer humor que lo llevó al estrellato hace más de catorce años. Sin embargo, el enfoque que ha decidido tomar en esta nueva entrega hace parecer a la película más como un panfleto antirepublicano en algunos momentos, ad portas de las elecciones en Estados Unidos, que una genuina muestra de la idiosincrasia norteamericana, como sí ocurría en la primera.

Amazon Prime Video, plataforma donde fue publicado el largometraje, ha hecho gran eco de la producción, haciéndola tendencia el día de su estreno y anunciándola en plataformas como Youtube. Incluso, hay algunos anuncios publicitarios de la cinta en estaciones de Transmilenio y en algunos otros sitios de Bogotá, lo que le ha valido también estar en el centro de las críticas por parte de simpatizantes del Partido Republicano en un momento donde los ánimos políticos están tan caldeados por la contienda electoral.

Borat 2 deja a un lado la historia de su predecesora para meter al “cuarto mejor periodista kasajo” en una situación más dramática, menos creíble y, por lo tanto, menos graciosa. Algunos chistes de esta secuela llegan a ser tan exagerados que la película pierde la esencia que tenía la primera, que era poner en situaciones genuinamente incómodas a sus interlocutores. Aunque sí se mantiene esa línea en varias escenas, en su mayoría este falso documental se llena de tanta ficción que podría llegar a confundirse con una película de Adam Sandler si se mira desprevenidamente.

Eso sí, es necesario destacar varios aspectos rescatables de la película. Primero, Baron Cohen esta vez apuntó a peces más gordos y salió tal como lo esperaba. Las participaciones de Mike Pence y Rudy Giuliani (por supuesto, sin que ellos lo supieran durante la grabación) son lo más destacable y hasta emocionante de la cinta, siendo estos los momentos más auténticos de la obra y los que más polémica atraen. Segundo, la historia se centra más en la hija de Borat y su transformación de prácticamente una esclava a una activista de los derechos de las mujeres, reivindicando el papel de ellas en la sociedad.

La actuación de la búlgara Maria Bakalova como la hija de Borat está a la altura del propio comediante, demostrando una gran capacidad de improvisación y una buena química con su coprotagonista. Es de gran mérito tener la capacidad de interpretar a un personaje tan políticamente incorrecto en tiempos como los actuales, y además es de anotar que Bakalova fue escogida por el propio Baron Cohen entre más de quinientos aspirantes al papel.

Por otro lado, los personajes secundarios tienen una mezcla de autenticidad y ficción que no terminan de encajar en el formato documental. A pesar de que el filme no busque hacer creer a la audiencia que todo lo que se ve en pantalla es real, la aparición de personajes como una niñera afro y un anciano que envía faxes se siente forzada y con el único fin de intentar darle forma a la historia.

La necesidad de tener una nueva entrega de este cómico personaje se da porque el contexto sociopolítico estadounidense del 2006 es diferente al del 2020. En estos tiempos, las teorías de conspiración, las noticias falsas, el feminismo y los grupos radicales han tomado importancia y, por tanto, las actitudes de las personas han cambiado frente a los temas de interés público. Además, probablemente la emergencia sanitaria causada por el Covid-19 le cayó como una bendición a la producción, ya que esta problemática mundial se ha prestado como excusa para reforzar las temáticas ya mencionadas.

Aunque la tendencia de las críticas que muestra esta obra esté sesgada políticamente, las problemáticas que se muestran son reales y la mordacidad del mensaje está más que justificada. Tocar temas tan sensibles como el abuso infantil y la violencia sexual hace que el espectador no sólo pase un rato de risas culposas, sino que sienta un nudo en la garganta que le hace pensar en la gravedad del asunto.

Borat, siguiente película documental es una película que la pueden disfrutar todos aquellos que no sientan culpa al burlarse de temas controversiales, o que al menos no sean sensibles al humor negro. Sin embargo, aquellos que hayan visto la precuela sentirán tal vez una sensación de insatisfacción con esta nueva entrega al perder parte de esa espontaneidad con que este irreverente periodista machista, homófobo, antisemita y poco educado los había conquistado hace catorce años.

Calificación: 3,5 / 5

Ficha técnica

Título: Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan

Fecha de publicación: 22 de octubre de 2020

Director: Jason Woliner

Producción: Sacha Baron Cohen y Anthony Hines

País: Estados Unidos

Género: Falso documental, documental paródico

Duración: 96 minutos

El estanque del futuro está vacío

“Vikinga Bonsai”

Ana Ojeda(Buenos aires, 1979)

Editorial Eterna Cadencia, 2019, 139 páginas.

Decodificar el lenguaje parece ser la consigna que nos lanza Ana Ojeda para entrar a su último trabajo “Vikinga Bonsai”, una novela cargada de humor, pero no ajena a los trágicos acontecimientos que en ella se relatan. Un grupo de amigas se ve obligada a cambiar drásticamente su vida por unos días. Una de ellas, Vikinga Bonsái, muere repentinamente en su departamento mientras están todas juntas compartiendo. El esposo de la recién fallecida, Maridito, se encuentra en un viaje fuera del país, en medio de la selva paraguaya, inubicable por una semana. Esta inesperada muerte, en medio de una junta de amigas, genera una serie de transformaciones que afectan cada una de las vidas de sus protagonistas, cuyos nombres se enmarcan perfectamente dentro de este ficticio juego del lenguaje: Talmente Supernova, Dragona Fulgor, Orlanda Furia y por supuesto, Vikinga Bonsái o Bombay, cuyo hijo tiene el singular nombre de Pequeña Montaña.

El lenguaje es una caja de herramientas que permite su reutilización literaria para generar renovadas imágenes, que en este caso refrescan permanentemente el relato. “Dejar en el cole a la Pequeña Montaña por la mañana y buscarlo por lo de tu madre a la tarde, sumar llevadas y traídas a inglés, parkour, origami, maestra particular. Al súper todos los días: siempre falta sine qua non…tenés que bajar a relojear, menos confía en dios y más yace”. Vikinga Bonsái o Bombay, deberá hacerse cargo de su hijo por unos días mientras su esposo, Maridito, se encuentra de viaje. La narración trasluce su vida como una forma rutinaria y repetitiva, que se emparenta con la de cientos de miles de mujeres que deben hacer lo mismo, asumiendo una maternidad intensa y absorbente que no le deja hacer otras cosas. “La culpa es de Maridito, aunque ella se la endilgue a Pequeña Montaña, para no caer en la cuenta de que ser madre soltera es por ahí más sencillo. Menos negociación, menos necesidad de coordinación, más energía para llegar al fin de la noche.”  Sutilmente deja entrever las dificultades que genera ponerse de acuerdo con Maridito, quien, aparentemente cumple la función que de forma tradicional le ha asignado el patriarcado a los hombres, alejados del cuidado de los hijos y actuando fundamentalmente como proveedores al interior de la familia.

En tiempos que la critica a las instituciones establecidas, como la familia por ejemplo, la novela de Ana Ojeda es un aporte a la construcción de nuevas miradas, que establecen la posibilidad de una disidencia,  permitiendo revelar los parámetros que tan injustamente han guiado por siglos nuestra sociedad. El trabajo narrativo es una apuesta por destrabar ciertas normalizaciones de género y modos de vivir. La propuesta del uso del lenguaje inclusivo y la utilización de imágenes es un riesgo que logra superar de manera exitosa. “Malabar de tropos y metáforas para dar exacta medida de lo que codifican como estafa”(121), nos indica la narradora, cuando nos acercamos al final de la historia, queriendo entregarnos una pista o una clave de lectura, pero que no se limite únicamente al relato que tenemos en las manos, sino que se haga expansivo al entorno en el cual nos desenvolvemos, y de esta forma descubrir el manto del lenguaje patriarcal que nos enceguece y nos guía hacia un futuro vacío.   

Una fiesta para decir “Dios bendiga el reggaetón”

Obras de arte y reggaetón. Una combinación que no se encuentra ni en el museo del Prado. Eso fue lo que la página de Memecentistas entregó en el bar El Candelario, ubicado en el centro de Bogotá. “Un Perreo Violento” le llamaron a lo que no solo era una fiesta sino que es una exposición de arte de algunos cuadros utilizados en la página, ahora vueltos memes con frases de canciones de reggaetón.

Todo en el evento estuvo fríamente calculado. El bar El Candelario resultó ideal por su espacio y su diseño antiguo. El tema de la violencia que ahora es álgido resultó acertado, resaltando una frase utilizada por ellos: “Que lo único violento sea el perreo”. Hasta un programa de mano entregaron a la entrada, digno de un museo real con toda la información de lo que nos esperaba adentro. Hubo casa llena, buenos Dj’s, un salón de cócteles bíblicos creados especialmente para la noche, un público diverso en estilos y edades, una gran cantidad de arte y una sorpresa en medio del perreo intenso cuando dos violinistas empezaron a mezclar sus sonidos clásicos con el flow del reggaetón. Cumplieron con la misión de convertirse en lo que ellos denominaban “El Museo Nacional del Perreo”.

Foto por Revista El Callejón

Y es que si bien cualquiera pensaría que son solo una página de memes, ellos van más allá y se encargaron de volver a Memecentistas no solo en una marca sino en lo que parece será una nuevo hito en la manera de acercarse al arte: a través de la música y la fiesta. Y es que precisamente esto es lo que buscan, acercar a un público que tal vez no sepa de arte con algo que sí conoce, algo que les toca las fibras y los obliga a moverse. En el programa de mano se puede leer su manera de definirse y que muestra que son más que solo memes:

“Memecentistas® es un proyecto conceptual inspirado por el arte clásico y la cultura popular, creando un mix único entre ambos conceptos, traducido mediante la figura del meme, que lo configura en una acción para democratizar el arte elitista y expandir su interés hacia nuevos públicos.”

Después de este primer éxito ahora lo que se espera y lo que muchos han solicitado es hacer lo mismo en otras ciudades como Cali y Medellín, y en otros países como España, México y El Salvador.

La exposición que estará abierta al público hasta el 22 de diciembre en El Candelario (Cra. 5 #12B-14), a partir de las 6:00 p.m. Las obras están en venta por si se antoja de llevar alguno de estos memes del arte clásico.

Vivir deprisa, amar despacio: ¿Hay otra opción?

Imagen tomada de https://bit.ly/2VaHWa4

“Vivir deprisa, amar despacio” es una película de la nueva ola de las películas de temática gay, que intenta romper estereotipos de lo que es ser homosexual y lo hace bastante bien. Hombres a veces masculinos, a veces femeninos, de carácter fuerte, pero también sensibles, mostrando que ser gay no implica nada.

Ambientada en Francia de los años 90, conocemos a Jackques (Pierre Deladonchamps).  A primera vista es un hombre gay, seguro de sí, enamorado de un hombre menor que aparentemente juega con él. Viéndolo nuevamente es un hombre gay, escritor arruinado, sensible y padre soltero que no sabe qué hacer con su vida. Seguidamente vemos que es un casanova, con SIDA, y con miedo de volver a intentar acercarse demasiado a cualquier otro hombre. Es un intelectual, con una ex esposa madre de su hijo, con un ex novio también con la enfermedad en estado terminal. Finalmente vemos que Jackques es solo un hombre, con varios hombres dentro de sí, un hombre como cualquiera.

Paralelamente a la historia de Jackques, conocemos a Arthur (Vincent Lacoste), un joven en todo el sentido de la palabra: vive una bisexualidad casi que forzada, escondiendo quién es, frecuentando sitios a donde van homosexuales para tener encuentros casuales, intentando saber qué le gusta más allá de la literatura que es su único amor firme, con un trabajo que aunque estable no es lo que quiere para su futuro, pero sobre todo feliz y con esperanzas de todo lo que la vida le vaya a traer. Una balanza que parece desequilibrada para dos personajes que se enamoran, pero que con el pasar de la película vemos que son todo lo que necesitan en aquellos momentos de crisis e inestabilidad.

Lo más interesante de la película es como se aleja de los dos puntos que nos presentan y creeríamos centrales: el SIDA y el romance de ambos protagonistas. Tanto el SIDA como la relación son cosas que pasan, solo al final estas dos se unen y marcan pero no es el giro central. El centro de la película está en la historia de cada uno como individuo, la vida de cada uno que termina hecha una sola historia pero solo al final.

El hecho de que el director se centre en cada personaje nos permite conocerlos casi que a fondo. Jackques es un personaje de matices profundos. Vemos como vive tranquilo a pesar de no tener empleo y de su enfermedad, se le ve incluso como si estuviera en negación de su situación, como si nada pasara. Se puede intuir como su único desequilibrio lo generan sus parejas desde el princio: Dice amar al joven que juega con él, pero también siente cosas todavía por su ex y quisiera cuidar de él en sus últimos días. Y resulta evidente y algo tierno que su mayor desequilibrio lo encuentra en Arthur, ya que aunque lo quiere, lo conoce cuando su enfermad empieza a hacer estragos y por eso tiene miedo a herirlo.

Arthur por su parte es la inocencia, la fuerza  y la esperanza hecha personaje.  Aunque se le ve perdido, sin saber quién es se le ve alegre. Vive al igual que Jackques en un aparente estado de tranquilidad hasta que éste se aparece en su camino. Su tranquilidad se ve amanazada entonces ya que sabe que puede acostarse con cualquier hombre pero es Jackques a quien quiere y que sin importar su enfermedad piensa en que pueden tener un futuro juntos. Tanto así que cansado de su pueblo en el que nunca sucede nada y ahora enamorado, viaja a París con la idea de empezar una nueva vida con el escritor desahuciado. Acepta la condición de aquel, de padre, enfermo y arruinado sin chistar, con el corazón abierto. Más que cualquiera de estas cosas lo que más le llega a molestar a Arthur es la indiferencia que le da Jackques en un intento de alejarse de él y no herirlo con sus problemas. Un amor que como cualquier drama está marcado por la imposibilidad, aunque en este caso el director solo nos da un pequeño abrebocas de esa parte gris y nos quedamos con los días felices que fueron.

El cierre entonces de la película es ver como ellos intentan conciliar su amor con sus dificultades, como Jackques deja que Arthur lo quiera tal vez sabiendo que da igual a esas alturas, y cómo éste último incluso en los momentos difíciles está feliz de solo poder estar ahí. Termina con la misma incertidumbre de toda la película, en la que no sabemos qué harán ahora cada uno, en la que solo nos queda pensar en lo que pudo haber sido, muy similar a lo que nos sucede en la realidad.

En el infierno de Climax

Imagen tomada de: https://bit.ly/2WeTnPK

En la edición número 71 del festival de Cannes, el cineasta argentino Gaspar Noé, presentó Climax, su más reciente película categorizada como thriller psicológico de terror. Una premisa importante para sentarse a ver esta película es que no hay que entenderla, como es clásico del cineasta su marca es la desorientación de la razón y la orientación de los sentidos.

La última obra de Noé, contó con una producción de bajo presupuesto y una duración de cuatro meses, de los cuales solo dos semanas estuvieron destinadas al rodaje y cuya única actriz de profesión es la exbailarina Sofia Boutella, el resto del reparto, tal como expresó Noé en varias de sus entrevistas a medios de comunicación, son bailarines profesionales, a los cuales el cineasta les indicaba la intención de la escena y ellos tenían libertad para la improvisación de los diálogos.

Climax, nos sitúa en Francia durante el invierno de 1996, donde un grupo de jóvenes son convocados por la coreógrafa “Selva”, interpretada por Sofía Boutella, para participar en un video de orgullo patriótico de alta exigencia técnica y artística a nivel dancístico. Al inicio un interludio advierte que lo que se está a punto de ver está basado en hechos reales, a continuación se nos presentan las cintas de VHS con las entrevistas a los bailarines participantes, luego de esto nos vamos directamente al lugar del ensayo, una escuela abandonada en medio de la montaña azotada por la nieve, cuya pista de baile está ambientada con una enorme bandera de Francia y en la cual sucede toda la coreografía. Al finalizar el ensayo comienza la celebración. Todos festejan alegres y danzantes al ritmo del tecno y con el sabor de la sangría que una de las participantes ha preparado, luego de un rato la atmósfera cambia, alguien no se sabe quién, ha puesto droga en la sangría generando un estado salvaje en los jóvenes que en su frenesí tornan la celebración en una noche agobiante y trágica. La coreografía se convierte en una noche de terror.

Climax tiene uno de los títulos más precisos y sugerentes de la filmografía de Noé, por sobretodo es excitación, es una experiencia más que cinematográfica sensorial. Desde el comienzo, el choque de una melodía casi afable interrumpida por una interferencia que nos traslada a los gritos de una mujer nos prepara para una dosis contundente de incomodidad y morbo.

Independiente del gusto no se puede negar que el argentino tiene un don para el artificio técnico del cine, desarrolla la increíble coreografía con un plano secuencia que absorta los sentidos para el clímax de la película cuando afloran las facetas de cada personaje. Si bien es cierto que el baile es un elemento bastante fuerte y al cual se le dedica una suma considerable de tiempo en pantalla, decir que este es el tema principal de la trama no es acertado.

Noé no oculta sus intenciones y utiliza al cine como terapia comunicativa para canalizar su visión de un mundo decadente al que se sobrepone lo hedonista. Aunque su puesta en escena es bastante memorable en esta ocasión no se puede ignorar la sensación de vacío en cuanto al argumento, si nos ceñimos a la intención la obra cumple con su cometido. Nos promete un sencillo pero alegre paraíso para luego bajarnos de golpe hasta el infierno y hacernos un tormentoso recorrido por cada uno de sus círculos.

Climax, por medio de un relato anecdótico  revela los demonios de los personajes y entendemos el propósito de incluir la frase “basada en hechos reales”. Todas las películas de Noé se basan en cotidianidades tratadas a su peculiar estilo transgresor y aunque mucho se dice que en el cine lo importante no es el qué sino el cómo, puede llegar a ser tedioso ver la recurrencia con la que el director insiste en contar las desventuras y excesos en los que se cae sobre todo a los vulnerables veintes y siendo el principal detonante la droga.

En la edición 56 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI), Noé expresó que sus películas hablan de sus gustos e intereses sin tapujos y ellos son el sexo y la droga, y que no pretende gustar ni buscar un público que para él no existe, porque es una masa subjetiva. Uno de los aspectos más interesantes es la construcción de personajes , pues se nos presentan uno a uno los jóvenes con una gran diversidad cuyo aparente común denominador es la pasión por el baile. Este universo de personajes es tan audaz y desesperanzador que hacen que el espectador busque cualquier atisbo de bondad en alguno de estos polifacéticos seres, que lejos de estar polarizados entre buenos y malos, se pueden observar distintos matices en los personajes que emulan un colega, un hermano o una pareja acrecentando el terror ya de por sí presente con la ausencia de la razón.

La puesta en escena y el montaje están tan bien encaminados a la sensación de encierro que al final de la peli casi que se agradece que la muerte y el cansancio arrullándonos con la clásica balada de los Rolling traigan una calma trágica y finalice el viaje. Plasma de forma contundente el mensaje, el infierno arde en cualquier parte y solo necesita la más mínima chispa que dé lugar a su esplendor.

Finalmente, la crudeza es quizás otro punto que tiene a favor el cineasta, se ha encargado minuciosamente de crear un estilo narrativo que es incluso ya difícil atinar el género para describir sus películas,  el montaje parpadea literalmente por nosotros, la psicodelia entre lo sonoro y la cámara que vuela hasta por los rincones más recónditos de la moral y ese tono rojo que siempre imprime una pasión tóxica en sus cuadros lo hacen meritorio de ver porque aun en el infierno es bueno explorar lo visceral.

Enterrando a Stieg Larsson

Imagen tomada de: https://bit.ly/2AY5xRh

Empecemos con lo importante, para quienes no conocen esta historia. La saga Millennium está compuesta por tres libros, escritos por el periodista sueco Stieg Larsson. Larsson murió repentinamente en el 2004 luego de entregar a su editor la tercera entrega de Millennium. Luego de su muerte los libros se hicieron best sellers y volvieron al fallecido autor en un ícono de la novela negra a nivel mundial. De los tres libros se hicieron las películas suecas, que tuvieron también gran éxito. El primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres, nos cuenta la historia de Henrik Vanger, un viejo empresario que pierde a su sobrina sin saber nunca qué fue de ella. Extrañamente cada año en la fecha de su cumpleaños Henrik recibe una flor enmarcada, lo que lo hace pensar que ella sigue viva. Es por esto que contrata al periodista Mikael Blomkvist para que lo ayude a resolver el misterio. Pero Mikael no puede solo y contrata a Lisbeth Salander, una hacker que lo ayudará y será la heroína el resto de los libros. De este libro se hizo también la versión inglesa, protagonizada por Daniel Craig y Rooney Mara, bajo el nombre de La chica del dragón tatuado. Esta película fue sumamente fiel al libro, conservando detalles importantes de la historia, pero sobretodo haciendo real los personajes, ya que cada uno había sido escogido cuidadosamente para su papel. Hubieron dos problemas importantes con esta película, el primero que el dinero recaudado no fue lo esperado por Sony Pictures, ya que al tener un éxito tan grande en la venta de libros querían que la película fuera algo similar a Harry Potter o a Crepúsculo en taquillas. El segundo problema estaba en que el libro es sumamente visceral y violento, algo que el director David Fincher quiso conservar y llevarlo a la pantalla, es por esto que vemos como Lisbeth es abusada sexualmente y luego se venga de su violador de una manera sádica. El público que usualmente no suele ver estas escenas en pantalla grande la criticaron fuertemente, mientras los fans de alguna manera estábamos complacidos del respeto hacia el libro.

Larsson dejó la saga incompleta: eran siete libros y solo entregó tres. Como ya se habían vendido los derechos, el periodista sueco David Lagercrantz fue el encargado de continuar con la saga. Los dos últimos libros de Lagercrantz no alcanzan al autor original, porque aunque nos da a los seguidores de Larsson respuestas que estábamos esperando, el nivel literario queda muy por debajo. Es así como Sony Pictures queriendo continuar la historia inconclusa y para ahorrarse un dinero por los derechos de autor decidió saltarse los dos libros escritos por Larsson y pasar directamente a la historia continuada por Lagercrantz, llevando a la pantalla Lo que no te mata te hace más fuerte, conocida en inglés con el nombre de La chica en la telaraña.

En la mayoría de los casos se entiende que los cambios que se hacen son necesarios para que el público que no ha tenido contacto con el libro pueda entender mejor la historia, en otros casos porque los guionistas o directores consideran que no serían una parte interesante durante la película. En fin, los motivos de los cambios pueden ser muchos, pero en este caso creo que no hay motivos suficientes para los cambios que se le hicieron a la historia. Este film se aparta no solo de los libros originales sino que también se aparta del nuevo, los fans de la saga quedamos con la sensación de que lo único que quedaba eran los nombres de los personajes.

Sony hizo mal no solo al insultar a los fanáticos de esta manera, sino también porque al querer “continuar” la historia dan por hecho que el público vio la película anterior y comenten un sin fin de errores. Por ejemplo, ponen actores mucho más jóvenes de lo que son los de la película anterior, no cuentan realmente quiénes son los personajes y simplemente se les ve saltar a la acción, cosa que deja perdida a la audiencia nueva que esperaban atraer. Como había dicho el nivel literario de Largercrantz se queda corto con el de Larsson, pero es cierto que lo que pudo lograr fue seguir con la coherencia en sus personajes, cosa que la película tampoco respeta.

Puedo mencionar múltiples cosas que se apartan de la historia original y que hacen que se pierda todo el sentido de la historia. Al principio de la película vemos a dos hermanas muy unidas, cuando en el libro desde pequeñas se detestan. En la misma escena se nos muestra que el padre de ambas abusaba de ellas, cuando realmente aunque el personaje es un total cabrón, nunca les puso las manos encima a ninguna de las dos. Claire Foy es una buena actriz y eso no se niega en la película, pero Rooney Mara logró ser la encarnación viva de Lisbeth anteriormente. Lisbeth es una hacker, con un look gótico y punk, con mente fotográfica, desconectada emocionalmente porque posiblemente sufre del síndrome de Asperger, en esta película simplemente es una hacker que realmente pareciera que oprime un botón y todo está hecho, además de eso sumamente emocional. Mikael Blomkvist es uno de los periodistas más importantes de Estocolmo, apasionado por la investigación y con un ego muy fuerte, convertido ahora en un periodista que duda a la hora de escribir y que parece simplemente un personaje secundario.

Tal vez el público no está acostumbrado a historias en las que la acción no es constante, por lo cuál de manera desesperada ponen bombas, disparos y peleas para mantener la atención del público, pero lo cierto es que esta historia es interesante mucho más por su suspenso en la trama que por la acción. Es decir: nos quedamos sin historia coherente, sin personajes reales y sin saber de dónde vinieron realmente. Asistimos entonces nuevamente al funeral de Stieg Larsson, solo que esta vez lo enterraron para robarlo, para hacer de una obra tan compleja otra película de Hollywood donde lo que único que importa son las explosiones, las balas y el dinero de la taquilla.

Eternal Bohemian Rhapsody

Imagen tomada de: https://bit.ly/2z28Kyb

Narrar la historia de una banda legendaria no es nada fácil. Se necesitarían varios libros, uno tal vez por cada miembro de la banda para saber quiénes eran cuando se conocieron, cómo se conocieron y como fue que permanecieron juntos para volverse una leyenda. Pues lo primero que se hace si se quiere llevar esa historia al cine es recortarla, es decir, contar la vida de solo uno de los miembros de la banda. El trabajo de escoger en este caso era sencillo, sólo un miembro de la banda ha muerto, el mismo que compuso una de sus canciones más legendarias: “Bohemian Rhapsody”, el miembro de la banda que era homosexual, y un artista extrovertido como pocos en el escenario, la voz principal: Freddie Mercury.

A pesar de centrarse en Mercury, resulta difícil también contar su historia en solo dos horas, ya que no era un personaje simple. Su talento, sus performance, su sexualidad y su modo de vida una vez alcanzó el éxito hicieron de su vida difícil de contar en poco tiempo. Es por esto que la película “Bohemian Rhapsody” es el tributo perfecto para Freddie. La película nos muestra los momentos tal vez más importantes en su vida y en los de la banda (con uno que otro cambio en la cronología o en los hechos como en cualquier film), además de potenciar nuevamente su música, que aunque nunca ha pasado de moda puede ser realmente el fin de la película.

Bryan Singer (X-Men: Apocalypse – 2016, SuperMan Returns 2006) hace uno de sus mejores trabajos, en especial en los detalles y ambientaciones de los lugares, lo que da como resultado escenas casi idénticas a las originales. Los actores son similares físicamente a los personajes reales y hacen un buen playback, la banda sonora (no solo es Queen durante toda la película) en los momentos precisos, así como el uso de el sonido original de la banda en vivo contribuyen a la “realidad” de la historia que quiere transmitir. Es también la final salida de Rami Malek como un actor de peso, ya que aunque venía protagonizando la serie Mr. Robot, es en esta película cuando desarrolla todo su potencial, casi que logra hacernos creer que es Mercury aunque no tenga su misma masa corporal, pero él lo cree y nos lo hace creer a nosotros.

Muchos de los críticos en este momento resaltan los errores en la cronología de la película, pero como dije antes no es sencillo contar la historia en solo dos horas. Vale la pena realmente ir a verla por intentar conocer de alguna manera la historia de la leyenda y de una de las bandas más emblemáticas de Londres, por sentir de alguna manera la emoción de su presentación en el concierto Live Aid de 1985, por sentir dolor nuevamente al conocer la enfermedad de Freddie, por saber que hasta sus últimos días estuvo luchando, pero sobre todo por lo que es conocido Queen: por su música.

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