Curiosidad, lo que le falta al mundo

A diario me pregunto: ¿Qué es lo que necesita el mundo para tener un cambio positivo? Mi mente enseguida recurre a un sinfín de respuestas, algunas largas, confusas e irreales, otras más simples, concretas. Una de estas es la curiosidad. Pienso que al mundo le falta más personas curiosas, personas que indaguen, que pregunten sobre hasta lo más insignificante de la vida, personas que no le den paso a la normalización de situaciones y problemas globales o personales, que se cuestionen el por qué pasa algo, el cómo se originó, el desde cuándo está pasando, el hasta dónde puede perjudicar o influir esa situación, el qué pueden hacer ellos para cambiarlo, mejorarlo o erradicar ese problema, personas que no le den poder ni a la ignorancia ni al conformismo, personas que no solo sientan empatía por los que adolecen sino que también tengan ese profundo y genuino interés por ayudarles desde una perspectiva que no sea netamente compasiva, sino que también sea una ayuda originada por la imparcialidad.

La curiosidad es un instinto natural que tenemos presente en todas las etapas del desarrollo humano, es un comportamiento que compartimos con muchas otras especies animales, la cual se origina a razón de estímulos emocionales y nos guía hacia al aprendizaje. La curiosidad nos motiva a observar, a experimentar detalladamente algo que nos cause un interés particular, nos impulsa a conocer la rareza o la novedad. Ser curioso es quitarle protagonismo al miedo por lo desconocido, es abrirle los brazos a la enseñanza, a la reflexión, es afrontar la inconsciencia. Ser curioso es percibir que hay algo más allá de lo que ya conozco y hacerle caso a ese “sexto sentido” de que hay mucho más por descubrir, por comprender, por construir, es ese primer salto para vivirlo.

Frente a los acontecimientos positivos o negativos (ya sean individuales o colectivos) la curiosidad actúa como un canal que accede al progreso, un canal soportado por la valentía y la determinación de querer cambiar las cosas desde un punto objetivo, neutral, conociendo las dos o más posiciones al respecto. Es investigar los diferentes puntos de vista teniendo en cuenta el principio de igualdad y justicia.

Ella es una visitante pasajera, no espera mucho tiempo en la puerta, es por esto que pienso que lo que necesita el mundo son personas osadas y decididas a abrir esa puerta sin importar si se observó o no a través de la mirilla, y así darle hilo o frenar una nueva experiencia.          

Todos podemos generarle curiosidad hacia algo en específico a otra persona e incluso a nosotros mismos, propiciar nuevas herramientas, ser ese impulso lleno de intrepidez que nos lleve al conocimiento sensato de las cosas y así convertir la realidad en una peculiar oportunidad para cambiar nuestra perspectiva de la vida. Y además, transformar las soluciones que planteamos a nuestros problemas. Percibir las situaciones y vivencias con mayor profundidad, entender que debemos estar presentes, dejarnos llevar por nuestra intuición, hacer más preguntas en voz baja que nos motiven a responderlas a todo pulmón, trascender nuestro ser y atrevernos a aceptar lo inédito… Todos somos capaces de ser más conscientes, de reflexionar, de ser ese observador que ya sea desde el silencio o desde la acción nos motive a apreciar más la vida y lo que sucede alrededor de nuestro entorno y del resto del mundo.

El estanque del futuro está vacío

“Vikinga Bonsai”

Ana Ojeda(Buenos aires, 1979)

Editorial Eterna Cadencia, 2019, 139 páginas.

Decodificar el lenguaje parece ser la consigna que nos lanza Ana Ojeda para entrar a su último trabajo “Vikinga Bonsai”, una novela cargada de humor, pero no ajena a los trágicos acontecimientos que en ella se relatan. Un grupo de amigas se ve obligada a cambiar drásticamente su vida por unos días. Una de ellas, Vikinga Bonsái, muere repentinamente en su departamento mientras están todas juntas compartiendo. El esposo de la recién fallecida, Maridito, se encuentra en un viaje fuera del país, en medio de la selva paraguaya, inubicable por una semana. Esta inesperada muerte, en medio de una junta de amigas, genera una serie de transformaciones que afectan cada una de las vidas de sus protagonistas, cuyos nombres se enmarcan perfectamente dentro de este ficticio juego del lenguaje: Talmente Supernova, Dragona Fulgor, Orlanda Furia y por supuesto, Vikinga Bonsái o Bombay, cuyo hijo tiene el singular nombre de Pequeña Montaña.

El lenguaje es una caja de herramientas que permite su reutilización literaria para generar renovadas imágenes, que en este caso refrescan permanentemente el relato. “Dejar en el cole a la Pequeña Montaña por la mañana y buscarlo por lo de tu madre a la tarde, sumar llevadas y traídas a inglés, parkour, origami, maestra particular. Al súper todos los días: siempre falta sine qua non…tenés que bajar a relojear, menos confía en dios y más yace”. Vikinga Bonsái o Bombay, deberá hacerse cargo de su hijo por unos días mientras su esposo, Maridito, se encuentra de viaje. La narración trasluce su vida como una forma rutinaria y repetitiva, que se emparenta con la de cientos de miles de mujeres que deben hacer lo mismo, asumiendo una maternidad intensa y absorbente que no le deja hacer otras cosas. “La culpa es de Maridito, aunque ella se la endilgue a Pequeña Montaña, para no caer en la cuenta de que ser madre soltera es por ahí más sencillo. Menos negociación, menos necesidad de coordinación, más energía para llegar al fin de la noche.”  Sutilmente deja entrever las dificultades que genera ponerse de acuerdo con Maridito, quien, aparentemente cumple la función que de forma tradicional le ha asignado el patriarcado a los hombres, alejados del cuidado de los hijos y actuando fundamentalmente como proveedores al interior de la familia.

En tiempos que la critica a las instituciones establecidas, como la familia por ejemplo, la novela de Ana Ojeda es un aporte a la construcción de nuevas miradas, que establecen la posibilidad de una disidencia,  permitiendo revelar los parámetros que tan injustamente han guiado por siglos nuestra sociedad. El trabajo narrativo es una apuesta por destrabar ciertas normalizaciones de género y modos de vivir. La propuesta del uso del lenguaje inclusivo y la utilización de imágenes es un riesgo que logra superar de manera exitosa. “Malabar de tropos y metáforas para dar exacta medida de lo que codifican como estafa”(121), nos indica la narradora, cuando nos acercamos al final de la historia, queriendo entregarnos una pista o una clave de lectura, pero que no se limite únicamente al relato que tenemos en las manos, sino que se haga expansivo al entorno en el cual nos desenvolvemos, y de esta forma descubrir el manto del lenguaje patriarcal que nos enceguece y nos guía hacia un futuro vacío.   

El Estado irracional

El fallo de la Corte Suprema de Justicia que obligó al Gobierno a pedir disculpas por los abusos policiales hizo entender que los problemas de organización de la Fuerza Pública son una cascada estructural de irregularidades y no ‘manzanas podridas’.

Como si no fuera suficiente la polémica causada durante las protestas, el periódico El Tiempo reveló las amenazas que recibió el oficial encargado de la investigación en contra de los agentes involucrados en la muerte de Javier Ordóñez y que, al parecer, provienen de sus propios colegas, pues la foto que acompañaba los mensajes amenazantes fue sacada directamente de la base de datos de la Policía.

La propia Procuraduría ha pedido al Gobierno una reestructuración de la entidad y ha llamado a acatar las órdenes de la Corte. Sin embargo, no se ve una real disposición de las autoridades por querer mejorar esta situación. Por el contrario, han hecho lo posible para dilatar el cumplimiento del fallo, rozando con el desacato, lo que podría traerle problemas judiciales al Ministro de Defensa. Parece no importar el bien de la población sino demostrar quién tiene más poder; un jueguito que termina por desestabilizar una democracia que, de por sí, “anda en los rines”.

Al final, los colombianos terminan sufriendo las consecuencias: 13 muertos y más de 400 heridos, entre civiles y miembros de la Fuerza Pública, fue el saldo de las manifestaciones del 9 y 10 de septiembre. Las víctimas no estaban relacionadas con los pulsos políticos ni hacían parte de las esferas del poder, sino que terminaron convirtiéndose en la carne de cañón de un Estado incapaz de regular su propia fuerza y mantener satisfecha a su propia gente.

Esto tampoco se trata de doblegarse ante aquellos que quieren desestabilizar a la Nación para llegar al poder. Siempre será necesario un control de las movilizaciones para evitar actos vandálicos en contra de los uniformados, pero no es posible justificar la disuasión de un grupo de manifestantes con armas letales sólo por gritar arengas en contra de quienes ejercen el poder, ni mucho menos permitirse que criminales con uniforme decidan sobre la vida de un pueblo históricamente oprimido por las injusticias y la corrupción.

En últimas, va en contra de toda lógica que la Policía y el Ejército se pasen por la faja la Constitución, los derechos humanos y los acuerdos internacionales, cuando son quienes deberían hacer cumplir al pie de la letra estas normas. Se falta aún más a la lógica cuando se intenta suprimir la protesta pacífica en un país que dice ser democrático y que sostiene la libertad de expresión como uno de sus derechos fundamentales. Es completamente irracional que, además, hayan personas que justifiquen actos de violencia como el asesinato de aquellos que se atreven a cuestionar lo que está mal, como fue el caso del profesor Campo Elías Galindo. Si se dice que el humano es un animal racional, parece que el colombiano se quedó sin lo racional.

ENTRE ELITISMO Y EUROCENTRISMO: EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA

El Premio Nobel desde 1901 se constituye como el galardón más reconocido y prestigioso del mundo. Sus seis categorías exaltan las contribuciones, investigaciones y descubrimientos hechos por un reducido grupo de personas que, en palabras de Alfred Nobel, “llevasen a cabo el mayor beneficio a la humanidad”.

Una de sus categorías es el Premio Nobel de Literatura. Su intención principal, consignada en el testamento del precursor del premio, es que fuera entregado cada año “a quien hubiera producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”. Así mismo estableció la premisa de que “no se debe tener en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no”.

¿Realmente el Premio Nobel de Literatura, en sus 118 años de historia ha seguido estas premisas? Desde el punto histórico la respuesta es negativa. El máximo galardón del universo literario entregado anualmente ha sido un reflejo del elitismo y eurocentrismo del conocimiento por parte de instituciones y círculos intelectuales del viejo continente.

De los 109 galardones que han sido entregados desde el inicio del siglo XX, 79 quedaron en manos de escritores europeos. Solo hasta 1913 la Academia Sueca distinguió a una persona de otro continente: Rabindranath Tagore. El poeta, escritor y compositor musical si bien nació en Calcuta en 1861 (en ese momento colonia británica), tuvo una vida muy ligada a Londres, donde estableció un contacto cercano con intelectuales de la época de inicios del siglo XX como Albert Einstein, Robert Frost, Mahatma Gandhi y Thomas Mann.   

Pasaron 44 años antes de que la poeta chilena Gabriela Mitral se convirtiera en la primera ganadora latinoamericana. Por su parte, el continente asiático hasta 1968 volvió a tener un ganador con el autor del País de nieve y El sonido de la montaña, el japonés Yasunari Kawabata. El primer africano declarado Premio Nobel de Literatura fue el nigeriano Wole Soyinka en 1986 y, el primer ganador de la lejana Oceanía fue el escritor australiano (nacido en Londres) Patrick White. Estos hechos han reflejado la “supremacía europea en la elección” del Premio Nobel, la cual, durante décadas estableció que los valores literarios, culturales y sociales de tradición europea fueran vistos como modelos universales que, en muchos casos, ignoraron los aportes literarios de otros continentes. En los primeros 80 años del Premio solamente 6 galardones fueron entregados a personas oriundas de otros espacios geográficos diferentes del europeo y estadounidense. Este último país, con una gran concurrencia de nominaciones debido principalmente a la generación perdida de William Faulkner (1949), Ernest Hemingway (1954) y John Steinbeck (1962).

Así mismo, el Reino de Suecia como responsable de los premios ha tenido a lo largo de su historia 7 galardones. Este hecho llama la atención en la medida en que los ganadores provenientes del país escandinavo sobrepasan al total de ganadores latinoamericanos (6), asiáticos (5) y africanos (3). Sin desconocer los méritos de los escritores suecos, resulta innegable la histórica preferencia que tiene la Academia Sueca hacia sus paisanos.

La Academia, quien escoge al galardonado en la ceremonia del 10 de diciembre (día de aniversario de la muerte de Alfred Nobel), está conformada por una élite académica de escritores, lingüistas y críticos literarios exclusivamente de origen sueco que, en la mayoría de sus 18 escaños, cuentan con una trayectoria en universidades suecas y con una formación orientada a literatura nórdica.

En los últimos años, este selecto grupo ha estado rodeado de aparatosos escándalos de mala gestión en el manejo de los fondos y de acoso sexual llegando a tener hasta 18 acusaciones vigentes de agresión sexual dentro de los miembros de la Academia. Este hecho generó el nombramiento de un nuevo comité para el premio y el aplazamiento de su entrega en el 2018, lo cual dio pie para la creación de un Premio Nobel Alternativo creado por una organización sueca llamada la Nueva Academia. En estas circunstancias cabe preguntarse ¿Será posible que se levante y logre una nueva credibilidad?

Los fondos dentro de la institución siempre han sido manejados en un círculo muy cerrado. En todos los casos, la distinción que reciben los ganadores viene acompañada de una cifra económica que varía cada año según los donativos y los resultados de las inversiones que hace la Fundación Nobel (quien no está involucrada en la selección de los galardonados). En la actualidad, el premio entrega una cifra cercana a los 925 mil dólares, los cuales son el resultado de las inversiones de poco riesgo que ha hecho la Fundación en base a la herencia económica que dejó el inventor sueco. Acompañando al cheque, los escritores reciben un diploma y una medalla de oro en manos del Rey de Suecia.

Todos estos reconocimientos para muchos lectores y críticos literarios han tenido algunas omisiones con aquellos escritores y escritoras que en vida se convirtieron en eternos candidatos. Allí muchas veces jugaron las condiciones políticas, ideológicas o de “lobby”dentro de los más altos círculos literarios. El caso más icónico es el del creador de El Aleph, Jorge Luis Borges. El erudito escritor porteño hasta el día de su muerte en 1982 nunca asistió a la ceremonia en Estocolmo, en gran parte por su polémica relación con Augusto Pinochet. A este se le suman otros colegas latinoamericanos como Julio Cortázar, Juan Rulfo, Rómulo Gallegos, Rubén Darío o Cesar Vallejo, quienes, hasta hoy han tenido una influencia majestuosa en la literatura universal. Otros escritores como León Tolstói, James Joyce, Franz Kafka, Virginia Woolf, Émile Zola, Italo Calvino y Marguerite Yourcenar no recibieron el Premio, pero sus libros definitivamente han contribuido a cambiar la historia del mundo a través de ficciones que, en palabras de Mario Vargas Llosa: “han multiplicado las experiencias humanas impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, el ensimismamiento y a la resignación” (Mario Vargas Llosa, Discurso del Premio Nobel de Literatura 7 de diciembre de 2010).

Es innegable que el Premio Nobel de Literatura en los últimos 40 años ha tenido un mayor pluralismo al destacar a autores –y hasta cantantes- surgidos de otras latitudes. Así mismo, por más de un siglo ha mantenido ese peso MAYÚSCULO en el mundo de las letras al brindar un impacto comercial, mediático y académico para editoriales y autores; pero, es fundamental tener en cuenta que el Nobel es un premio muy reciente comparado con el nacimiento de la escritura desde hace miles de años.

Este galardón para muchos escritores reconocidos y anónimos no se constituye en la gloria máxima. Muchos ganadores después del premio entraron en una decadencia personal y literaria tal como le sucedió a Faulkner, Hemingway, Kawabata, Nelly Sachs y Borís Pasternak. Los sueños de muchos hombres y mujeres dedicados a imaginar y escribir páginas enteras de historias y versos están en traspasar todo tipo de fronteras físicas e intelectuales donde puedan derrotar la carcoma del tiempo y sus palabras alivien la condición perecedera del mundo para convertir lo imposible en posible.

De raíz

(AP Photo/Ivan Valencia)

A veces es necesario comprender cómo los sonidos del pasado se convierten en los ecos del presente. No lo digo porque sea pan de cada día en mi profesión de historiador, pero luego de lo sucedido con la policía hace unos días en Bogotá y las principales ciudades del país, es necesario entender que el problema no viene de los frutos, sino de la raíz. Podemos comenzar remitiéndonos al año 1946 cuando bajo el gobierno de Mariano Ospina se utilizó a la Policía Nacional como un instrumento para perseguir y oprimir a los enemigos del Partido Conservador Colombiano. Años después, durante el Bogotazo la policía tuvo un cambio de bando y se unió a las facciones gaitanistas de tinte liberal; pero esto duró poco, ya que el gobierno de Laureano Gómez estableció una férrea cacería para eliminar estas facciones por medio de los Chulavitas, la policía secreta del partido Conservador (que también podría considerarse un grupo paramilitar). 

Luego, con la llegada de Gustavo Rojas Pinilla en el año 1953 se anexó a la Policía Nacional como un componente que hace parte de las Fuerzas Militares dentro del Ministerio de Guerra (antiguo MinDefensa), transformando posteriormente su enfoque civil en uno militar. Así siguió operando hasta llegar a la nueva Constitución de 1991, donde se define nuevamente a la Policía Nacional como un cuerpo armado de naturaleza civil y por fuera del comando de las Fuerzas Militares… O al menos eso dice el papel, porque no tuvo mucha incidencia en la realidad, pues la Policía sigue siendo parte del Ministerio de Defensa y conservó privilegios de las Fuerzas Militares como el fuero militar y el acceso a la justicia penal militar.

Es por eso que al llegar a nuestros días tenemos una institución que ha modificado su discurso y se ha dotado de vías de hecho para establecer una normalidad que, por un lado, ofrece una cara amable y justa a cierto grupo de ciudadanos y al reverso una corrupta y abusiva que utiliza su posición de poder para cometer todo tipo de abusos. Por esa razón las acciones contra la policía no fueron un acto premeditado y calculado como lo intenta hacer pasar el Ministro de Defensa, ni mucho menos un plan de un grupo terrorista llamado ACAB (All Cops Are Bastards); no, estas acciones surgen de una fracción de la sociedad que le ha tocado la cara amarga de una institución que tiene fallas que llegan a su raíz y que se enfrenta material y simbólicamente a ellos en busca de una respuesta para el interrogante: ¿quiénes cuidan a la sociedad si en quiénes recae esa labor no son capaces de hacerla? Una fracción de Colombia que ha sido deshumanizada y que ahora grita en medio de la ira, la confusión y la impotencia que genera el no tener como responder a la pregunta previamente realizada.

La Policía Nacional necesita una reforma que venga desde arriba y la atraviese transversalmente en cada una de sus secciones, eso está claro, pues el problema ya no se arregla con un discurso de disculpas y una promesa de cambio. Es necesario que ella misma se replantee cómo debe conectarse de nuevo con la sociedad colombiana que la ve más como una amenaza que como una garante de seguridad. Dicha reforma no se logra por medio de clases de yoga, sino entendiendo que el problema viene de raíz debido a la forma cómo la misma policía se ha entendido a sí misma durante años: una fuerza armada civil de represión para defender el orden establecido bajo la figura de gobierno de turno. Por eso es que a final de cuentas el temerle o no a la policía acaba siendo un asunto de los azares de la vida, en donde a usted según su procedencia y apariencia puede conocer la cara amable de la institución al servicio de su comunidad; o por lo contrario se ve oprimido, violentado y hasta asesinado en el nombre de una ley que debería protegerlo como ciudadano y no servir de excusa para justificar los abusos de poder de una institución corrupta de raíz.

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¿Todo Va A Estar bien?

La afectación generada por la Covid-19 logró que muchos comerciantes en Medellín, que se encontraban por fuera del engranaje económico formal de la ciudad, se vieran en la necesidad de agruparse y presentar colectivamente diversas solicitudes a la Administración Municipal. Esto con el fin de evitar un inminente colapso de su modus operandi ante la ausencia de flujo de caja en sus negocios y verse en la obligación de cerrarlos. 

Este es uno de tantos ejemplos que dejó la contingencia de la Covid-19 sobre la situación a la que se enfrentaron varias personas en nuestro país. En nuestra ciudad la Alcaldía, por medio de la fuerza (pública), logró que la gente no saliera a la calle durante los momentos más críticos de la pandemia. Las principales vías de la ciudad y algunos sectores aledaños se habían quedado completamente desiertos, con un silencio reinante en sus calles que erizaba a sus habitantes. No obstante, en los barrios la situación fue diferente a aquellas imágenes que dejaban las autopistas y avenidas completamente vacías, donde se hacía difícil pensar que no hace más de 6 meses, eran lugares vibrantes y ruidosos lleno de comercios y afanes cotidianos.

Terminando este mes de agosto Daniel Quintero, el rutilante alcalde de Medellín, anunció la apertura escalonada para lo que queda del año. Esta apertura incluye a todo el transporte aéreo nacional y terrestre intermunicipal, los restaurantes, gimnasios, teatros al aire libre, el centro de eventos más grande de la ciudad, cultos e iglesias, escenarios deportivos, parques, centros turísticos, moteles, industria del entretenimiento, discotecas y hasta el estadio. Todo esto bajo el llamado de una urgente necesidad de reactivar la economía, darle un respiro a la gente y dejar atrás la parte más crítica de la pandemia. Los alcaldes del Área Metropolitana del Valle de Aburrá firmaron el Plan de Reactivación Económica, sin embargo, ¿está la ciudad preparada para volver a la “normalidad”?

Aún en los momentos de mayor temor por el contagio, en la ciudad era común ver las fiestas callejeras, los partidos de fútbol y los sancochos de barrio. A pesar de que la orden de la policía era dispersar cualquier aglomeración, las estructuras criminales y las economías ilegales demostraron su capacidad para imponerse sobre la acción las autoridades y generar una normalización forzada en muchos barrios de la ciudad que les permitiera garantizar su dominio en el territorio. Si algo debiera preocuparle a la administración de la segunda ciudad más grande del país y, de la que en su momento fuese la más violenta del planeta, es cómo enfrentar la acuciante oleada de violencia que azota el país; cómo evitar que la reactivación económica se convierta también en una reactivación de la violencia que se había reducido a mínimos históricos durante los meses de encierro. 

Son varios los interrogantes que deja esta reapertura de la vida en Medellín, pero ojalá que el #Todovaaestarbien de la administración de Quintero no se le convierta en una caja de pandora que libere nuevamente sobre la ciudad los males y sufrimientos que estuvieron guardados durante meses. Que la gradual apertura de las actividades económicas de Medellín y el Valle de Aburrá, no se convierta en un escenario idóneo potenciado por el previo encierro para ponerla al día con los titulares de asesinatos selectivos y masacres que encabezan los titulares de nuestro país.

La Heterosexualidad en la Diversidad

Muchas mamás y papás, incluso abuelas y abuelos, no contemplan la idea de que esa criatura que está creciendo en sus familias pueda no ser heterosexual (o sólo lo imaginan, quizá, como una desgracia). Sí, desde pequeños a las niñas y niños se les bombardea con información respecto de su preferencia sexual e identidad de género, aún en este siglo, se cree en la segmentación tonta de colores (azul y rosa). Se da por sentado que les tiene que gustar la niña o el niño del género (algunos creerán que del sexo) opuesto. Esto da cuenta de la necesidad tan grande que se tiene en darle visibilidad a la diversidad sexual y a la identidad de género, y no se trata de, imponer gustos ni preferencias a las niñas, niños y adolescentes, porque estos tarde o temprano se descubrirán como seres sexuados y con afectividades iguales o diferentes a la de sus amiguitas y amiguitos; aquello responde más bien a niñeces felices, libres de prejuicios, con capacidades de cuidarse y protegerse entre ellos sin importar género, sexo o identidad, por esto de que comprenden mejor las diferencias, minimizando las posibilidades de que se formen como personas homofóbicas y transfóbicas. Resulta curioso que algunas madres y padres, tengan tanto temor de que se les imponga a sus hijas e hijos ideas o ideologías, que ellos premeditadamente imponen.

Durante el mes de junio se conmemora el día internacional de la diversidad sexual. Defender y entender esa diversidad como base de una sociedad más humana es posible, pero ¿por qué este día tiene importancia? Hoy las personas siguen sufriendo agresiones por su orientación sexual o identidad de género, real o atribuida; basta con conocer la historia de Luis Álvarez, el joven de Sincelejo, que en días pasados sufrió una agresión bastante aberrante por el simple hecho de identificarse como ser diverso. La conmemoración de este día, a través de marchas, actos performativos, o intervenciones en vía pública, son una oportunidad para cuestionar la legislación homófoba y transfóbica, el sistema de educación, el qué (y el qué no) se está haciendo desde las escuelas y las guías de formación. Es una oportunidad para exigirle a las administraciones locales, gobernaciones y al mismo gobierno nacional políticas públicas que den cuenta de la necesidad que se tiene en derechos y visualización  en este respecto, además de que estas conmemoraciones empoderan a las personas diversas y son un aliciente que ayuda a cambiar la mentalidad de la gente, porque los derechos y las libertades de las personas nunca deben darse por sentados.

Si bien en Colombia ha habido avances en políticas, visibilidades y demás, es importante prestarle atención y especial cuidado al crecimiento de movimientos que excusados en buenas costumbres, en la niñez y la ortodoxia, expresan su odio, asco y rechazo a lo diferente, a las diversidades (incluso culturales). Cada día se ve con mayor fiereza personas que exigen el día del orgullo heterosexual, los mismos que se tiran “chistesitos”, comentarios, campañas -“ConMisHijosNoteMetas”- y discursos misóginos, homofóbicos y transfóbicos; políticos, youtubers, “famosos líderes” espirituales y demás personas que no entienden de qué va el día de la diversidad sexual.

Pensar que es necesario establecer el día del orgullo heterosexual, es no reconocer las luchas que a lo largo de los años las personas diversas han tenido, es un insulto a las víctimas por causas de género y es querer ocultar que en este país al que ama diferente lo callan. No, no hace falta un día del orgullo heterosexual, porque este también tiene cabida en la diversidad sexual, lo importante es que se entienda que el ser heterosexual es una diferencia más, y nunca pensar que es “la normalidad” sexual y reproductiva.

A todas las personas que se sientan, se identifiquen, se expresen y se vivan desde la diversidad les digo que esta es imparable, que tiene que ser incluyente y transversal, mirando siempre hacia esas travestis que iniciaron todo, y nunca olvidarlas ni convertirse en unos verdugos más. A quienes tristemente no se identifiquen desde una diversidad, bastará con que entiendan esa traducción hecha por los Wayúu, de un artículo de nuestra constitución, y que Jaime Garzón recalcó, que dice: “Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona aunque piense – y le agrego: ame – y diga diferente”.

De lo inane y lo profundo

No recuerdo muy bien el mundo sin Internet, aunque llegó a mi vida cuando tenía ya más de diez años de edad. Mi primera experiencia de conexión fue abriendo una cuenta de Facebook, y gran parte de mi adolescencia la pasé decorando mi perfil de Hi5, hablando con mis amigos por MSN, y más tarde, actualizando mi Tumblr, jugando en Ask.fm, o incluso haciendo videos para YouTube, que, por fortuna, no mucha gente vio.

Es por esto que, aunque algunos califiquen estas actividades como vanas o carentes de sentido, para mí las redes sociales, las selfies, los filtros, y los videos con efectos caseros, han sido una parte esencial en la manera de comunicarme con las personas por fuera de mi familia, los estados de Facebook me permitieron por primera vez sentirme irreverente y alabada al mismo tiempo, cuando compartía lo que pensaba sobre el colegio y mis compañeros me llenaban de “likes”. Ahora, en mi vida adulta, Instagram ha sido esencial para mi trabajo, a través de él he vendido chocolates, servicios turísticos, clases de Inglés, además de haber conectado con gente maravillosa en muchas partes del mundo.

En todos estos años las redes no me impidieron ir a la universidad, no me impidieron leer, escribir, o ir a terapia, en general, no han sido un obstáculo para hacerme cargo de mi proceso formativo; y si lo he descuidado, puedo nombrar un sinnúmero de excusas, pero las redes sociales jamás serán una de ellas.

Si bien la accesibilidad de estos medios permite una avalancha de contenido vacío, de noticias falsas, y de material que para los intelectuales más puros resulta ridículo, también existen artistas, negociantes, pensadores, y académicos que utilizan las tendencias de las redes más populares para promover su trabajo, o simplemente para divertirse. Considero que es una cuestión de ser selectivo con las personas y entidades a las que seguimos, de controlar el tiempo frente a la pantalla, y de elegir conscientemente lo que compartimos desde nuestros perfiles, siendo estas acciones mucho más efectivas que criticar la superficialidad de quienes dedican sus días a estas plataformas o acusarlos de ignorantes.

La literatura, el cine, el teatro, y las expresiones artísticas más tradicionales jamás podrán ser reemplazadas por TikTok o por Twitter, pero por fortuna no tenemos que forzarnos a escoger un bando como si se nos fuera la vida en ello, el mundo es amplio y las posibilidades para entretenerse son infinitas, y para muchas personas, como yo (y para otras más inteligentes), estos medios representan una forma de descanso, un escape de los afanes cotidianos y de las angustias de la vida diaria.

Ante las críticas de quienes consideran que disfrutar de las redes sociales y tener un pensamiento profundo y complejo son acciones excluyentes entre sí, solo puedo decir que, a mi modo de ver, son las vidas vacías las que requieren de la amargura, el esnobismo, y los arranques pretenciosos para simular que tienen sentido. Si bien nadie está obligado a participar del tonto espectáculo de los videos virales y los memes, tampoco hay justificación que dé licencia a quien se excluye estas dinámicas para considerarse intelectualmente superior.

En Defensa de la Familia.

Definir un modelo de familia en el siglo XXI parece una discusión que no ha terminado de desligarse de nosotros como sociedad y lo que es peor, sigue generando estigmas innecesarios. Es por ello que rechazamos los hechos de discriminación presentados en una clínica de la ciudad de Medellín en contra de una familia homoparental el pasado 15 de julio, exponen una delicada problemática que trasciende la condición jurídica de estas familias y pone el foco en los retos sociales que aún enfrenta el país en términos de inclusión.

La sentencia C-071 de 2015 habilitó la adopción consentida por parejas del mismo sexo cuando sea el hijo biológico. De esta sentencia no solo se desprendieron acalorados debates en diferentes estamentos de la sociedad, sino la posibilidad de que en Colombia un menor pueda tener dos papás, dos mamás y quedar debidamente registrado en estas condiciones en su Registro Civil y demás documentos oficiales.

La familia en cuestión decidió igualmente bautizar a su hijo bajo la fe católica y la iglesia aceptó el sacramento y en su registro aparecen sus dos mamás. A pesar de los interminables problemas con la documentación, la familia logró consolidarse jurídicamente como tal y en virtud de la norma adquirir todos los derechos que protegen el vínculo familiar en el país.

Aun cuando jurídicamente el tema parece acabado, la situación a la que se enfrentan socialmente las familias diversas es cuando menos delicada. Las entidades públicas y especialmente aquellas que prestan servicios básicos como la salud, educación, cultura, etc. no pueden continuar negando la existencia de modelos familiares diversos en el país, el condicionamiento a la filiación biológica del menor para la garantía de la atención constituye el desconocimiento no solo de la norma sino también y especialmente de la integridad del lazo familiar.

El derecho a conformar una familia es un derecho humano universal, por lo tanto, inalienable, lo que quiere decir que no puede ser revocado por leyes humanas, no puede restringirse, no puede limitarse, si la Corte Constitucional y el Congreso de la República, depositarios del poder soberano a ellos entregado por el pueblo colombiano han reconocido la existencia jurídica de las familias homoparentales y la han dotado de igualdad ante la ley, ¿quién se cree esta clínica para negar, y en la negación violentar, no solo la existencia sino también la integridad de una familia?

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