VENDER EL ALMA POR AMOR

Cuando uno crece en Colombia, soñar con un mejor futuro se resume en una sola palabra: emigrar. Podemos decir que lo mismo sucede en Siria, un país fragmentado de donde sus ciudadanos tratan de huir con lo poco que tienen a su alcance. Huir, emigrar o transitar, son verbos que han acompañado a la humanidad desde sus inicios hasta la llegada de otras palabras como frontera o visa. Desde entonces todo ha cambiado. Ya no se puede huir, emigrar o transitar sin tener documentos que prueben que uno se ha “ganado” ese derecho, que uno es idóneo para hacer parte a la tierra a donde va. En The Man Who Sold His Skin lo resumen con la siguiente cita:

“Vivimos en una época muy oscura donde sí eres sirio, afgano, palestino y demás, eres una persona non-grata. Se cierran las puertas.”

Jeffrey Godefroy

La premisa de la cinta es la de una migración a cualquier costo. El protagonista Sam (Yahya Mahayni) es un refugiado sirio que desear estar con la mujer que ama, pero que por cuestiones de la vida y las diferencias de clase, ésta termina mudándose a Europa en el marco de un matrimonio arreglado. Es allí cuando Sam decide hacer todo lo que pueda para ir tras ella a como dé lugar, sin importar que más allá de vender su cuerpo, deba vender también su alma. Este deseo será como abrir la caja de Pandora para él, pues desatará una serie de infortunios que lo llevarán a cuestionarse sobre su humanidad y en cierta medida sobre su valor como mercancía.

The Man Who Sold His Skin a grandes rasgos es una sufrida historia de amor contemporánea, pero que a alrededor de dicha historia, se hacen presentes otras ideas que van tomando mayor resonancia con lo que respecta al arte contemporáneo, ya que se muestra este de manera satírica, con su deseo de figurar constantemente en nuevos espacios y sus círculos decadentes que gozan de un sinnúmero de privilegios. Una élite que, con un nombre o un gesto, logran abrir un sinfín de puertas y oportunidades. Sam pasará de ser un paria a el mayor objeto de deseo para esta élite que poco a poco va consumiendo su alma y olvidando que más allá de una obra de arte, Sam es un ser humano también.

Esta deshumanización que expone la película también funciona como crítica de lo que ha llegado a ser la crisis de los migrantes sirios en Europa. Ya nadie en el viejo continente se escandaliza con los afganos, sirios o palestinos que se ahogan en las aguas del Mediterráneo, pues se han convertido en parte del paisaje al ser otra noticia más de la semana. Solo son relevantes cuando sus acciones de desesperación hacen eco en las indiferentes calles de Europa. Entonces, The Man Who Sold His Skin, no presenta algo distinto o novedoso de lo que no tuviéramos conocimiento previo, sino que logra volverlo llamativo al establecer un diálogo entre estas dos ideas: cuando el protagonista accede a vender su piel para convertirse en la obra de arte de Jeffrey Godefroi (Koen De Bouw) y la mercancía de Soraya Waldy (Monica Bellucci). Sam ya no posee una vida propia porque ha dejado de ser un humano para convertirse en un objeto apetecido por las élites que le brindan una aparente libertad de movimiento para ir a cualquier lugar y todo solo a costo de perder eso poco que poseía, su vida, su alma. De esta manera, The Man Who Sold His Skin, logra de manera formidable este dialogo entre esas dos ideas, pues nos lleva a cuestionar los límites tanto del arte en diferentes espacios y el precio que pagamos con tal de ser aceptados al momento de emigrar.

La cinta concluye de forma positiva en general, ya que a pesar de este crudo debate alrededor del arte contemporáneo y la crisis migratoria que plantea, nunca deja de ser una historia de amor. Su final feliz deja al espectador insatisfecho, como con ganas de haber ido un poco más allá, lo nos lleva a reflexionar sobre ¿qué tan dispuestos estaríamos a perder nuestra humanidad solo con el fin de alcanzar una estabilidad, tal como lo hizo Sam?

Eric Sadin y la batalla contra la inteligencia artificial

Sadin, Eric. La inteligencia artificial o el desafío del siglo. Anatomía de un antihumanismo radical. Caja negra editores, 2020. Impreso.

No es posible hablar de inteligencia artificial, sin antes mencionar que el capitalismo se ha
consolidado a nivel global y se esconde detrás de un espejismo: el de la libertad. Durante
los últimos treinta o cuarenta años, a través de un falso discurso, ha generado una red
mundial que propende al sometimiento de los individuos, sistema que por lo demás es muy
difícil de soslayar. La construcción de este entramado político-económico cuenta con las
herramientas para destronar cualquier otra verdad, y opacar las alternativas que se
presentan frente al sistema económico que se ha propuesto expandir, un sistema que
enarbola permanentemente la libertad de las personas como fundamento de su crecimiento
y desarrollo.


Han sido capaces de globalizar un discurso que equipara crecimiento económico con
desarrollo y bienestar social, levantando las banderas de una falsa libertad, mientras engrilla
los pies de los sujetos, a través de la propagación de un estilo de vida basado en la
competencia salvaje y el eterno endeudamiento de las personas. ¿no esto lo que detonó el
“estallido social” de Chile en Octubre de 2019?¿Acaso no es la falta de libertad para
escoger otro camino, lo que nos tuvo por treinta años siguiendo el derrotero implementado
por los hijos de Pinochet y sus políticas ultra neoliberales? Y si la libertad es la bandera de
lucha de la derecha capitalista, ¿por qué existe tanto miedo y resistencia a competir en las
urnas por una nueva constitución? Y el permanente discurso de los innumerables beneficios
de la tecnologización de nuestras vidas ¿no es otra de las falacias que utiliza el capitalismo
para conculcar nuestras libertades? Todas estas preguntas saltan frente a la lectura del
último trabajo de Eric Sadin.


Ya en sus primeros dos libros “La humanidad aumentada: la administración digital del
mundo”(Caja negra editores, 2018) y “La siliconización del mundo. La irresistible
expansión del liberalismo digital”(Caja negra editores, 2018), Sadin nos advertía de las
complejidades que acarrea para la vida humana la expansión sin control de la digitalización
y la inteligencia artificial, pues es una forma de controlar otros ámbitos de la vida que
estaban quedando fuera de los ya sometidos por el capitalismo. En este sentido, no parece
arriesgado plantear, que a lo menos las dos últimas generaciones de seres humanos han
nacido y crecido bajo un proceso de sujeción capitalista y tecnológica que impide, o que
por lo menos les hace muy difícil encontrar modos de vida distintos de los que ha
escuchado y visto desde que llegaron a este mundo, entendiendo que una racionalidad
digital es mucho mejor que una humana, ya sea por su certeza y efectividad o por las
facilidades que prestaría en la vida cotidiana. Y se pregunta Sadin “¿cómo llegamos a esa
forma de narcosis y renuncia colectivos, que contribuyen a dejar el campo libre a quienes
obran encarnizadamente para instaurar una conducción automatizada de los asuntos
humanos?” (37). Una posible respuesta estaría asociada a conceptos capitalistas: eficiencia
y eficacia, exactitud de cálculo, economía, y por supuesto, intensificar lógicas productivas.

Todos estos conceptos guiaron el desarrollo del modelo chileno, que durante los últimos
treinta años se encargó de gestionar el país como una empresa, pero no de desarrollarlo en
índices relevantes a nivel social. Basta mencionar que el crecimiento con igualdad jamás se
ha logrado, y por el contrario, se ha destruido de forma persistente la educación y la salud
pública, además de convertir el sistema de pensiones en una forma de financiamiento barata
para las grandes compañías del país. Bajo el lema del “modelo no se toca”, pues generaría
una serie de inestabilidades macroeconómicas, se mantuvo durante décadas una creciente
distribución del ingreso muy injusta, la que finalmente terminó por estallar el 18 de octubre
del año 2019, pues ya no se aguantaba más la colusión del conglomerado político, con las
grandes compañías que pujaban por seguir manteniendo el modelo, basado en una
permanente explotación de amplias capas sociales, a las que mantenían en la miseria o en
permanente endeudamiento. Nunca hubo libertad para escoger otra forma de desarrollo que
no fuera la establecida por el capitalismo chileno.


En este sentido, nuestra forma de ser en el mundo contemporáneo, y la manera de
desenvolverse de los individuos, estaría total y completamente condicionada por este
sistema, donde la libertad para escoger no existe, “parodias de libertad” lo llama el escritor
argentino Alan Pauls, pues el capitalismo se ha enfocado en “Instaurar modos de existencia
cada vez más sometidos a esquemas racionales que favorecerían el apogeo de estructuras
asimétricas de poder”(39), donde la vida humana estaría completamente gobernada por un
sistema tecnológico de alcance totalizador, cuyo enfoque sería orientar las acciones
humanas, tal cual ha sido el discurso de este modelo económico, que durante décadas nos
ha encaminado hacia una sociedad que no nos entrega posibilidades de elegir, donde la
libertad se da entre alternativas que ellos mismos han propuesto. En el caso chileno, la
derecha hasta el día de hoy mantiene una campaña del miedo frente a la posibilidad de
cambiar nuestra constitución de manera libre y soberana, pues la amenaza permanente es
que nos convertiríamos en la nueva Venezuela, lo que traería aparejado el total desplome de
nuestra sociedad. Es decir, el constante uso de la violencia discursiva, que tan
profundamente ha marcado a los hombres y mujeres de nuestro país. ¿No será que los
privilegiados de siempre son los que corren riesgos de perder sus posiciones de poder?
Es inevitable, luego de la lectura del último trabajo de Sadin, no pensar que desde su
nacimiento los seres humanos “aparecen como un cuerpo instrumental” (Butler), cuya
función sería aportar para perpetuar el orden establecido, ya que todo está constituido para
la subordinación inconsciente al actual sistema económico, político y tecnológico. La
campaña política del rechazo fue un discurso que apunta a mantener este orden, pues ven en
los posibles cambios que se generen, una amenaza al injusto mundo que ellos han
construido, donde la pobreza material, pero sobre todo la cultural, ha sido su mejor aliada.
Se nos inculcó que debíamos ser emprendedores e instalarnos en el mercado para ser
exitosos, y así conseguir lo que quisiéramos. Sin embargo, el camino del emprendedorismo
no es el camino hacia libertad, sino hacia la esclavitud sistémica y financiera.


Dicho lo anterior, y en el supuesto de las múltiples alternativas para desarrollar una vida en
libertad, nos encontramos con que todos los caminos están contaminados con la lógica
tecnocapitalista. Este tipo de sometimiento, por lo tanto, configura a los sujetos para que
persistan en estas formas de desarrollo alimentando el mismo sistema, cuyas normas están
dadas desde antes que hayan nacido. “Toma forma un estatuto antropológico y ontológico
inédito que ve como la figura humana se somete a las ecuaciones de sus propios artefactos
con el objetivo prioritario de responder a intereses privados y de instaurar una organización de la sociedad en función de criterios principalmente utilitaristas”(21), nos advierte Sadin,
poniendo el énfasis en el cambio de estatuto al cual se estaría enfrentando la humanidad.
El contundente trabajo del pensador francés, nos invita a cuestionarnos por el tipo de vida
que estamos viviendo. Fomenta la reflexión y la capacidad de oponerse como sociedad a
este fenómeno de la inteligencia artificial, que supuestamente trae aparejados innumerables
beneficios. Sin embargo, la advertencia es clara, detrás de esta nueva forma de capitalismo,
el de las plataformas y el de la tecnología, se esconde un poder absoluto, aquel que busca
dominar todos los ámbitos de la vida humana. Es por esto que la reflexión de Sadin, es
absolutamente contemporánea al proceso constituyente que estamos viviendo, pues nuestra
sociedad está a punto de iniciar un giro hacia otro tipo de mundo, uno más solidario y
menos competitivo, donde las normas del mercado guíen solamente los negocios y no la
vida entera, donde la tecnología sea una herramienta y no un sistema de vida. Conciencia y
responsabilidad para tomar decisiones, y no entregar el poder constituyente a una clase
política manejada por los intereses capitalistas. La consigna de Sadin es deshacerse de los
esquemas que hasta ahora nos han regido, advirtiéndonos de pasada, que la bandera de la
libertad, enarbolada por la derecha empresarial, no es más que una falsedad para mantener
las cosas tal cual están.

Enterrando a Stieg Larsson

Imagen tomada de: https://bit.ly/2AY5xRh

Empecemos con lo importante, para quienes no conocen esta historia. La saga Millennium está compuesta por tres libros, escritos por el periodista sueco Stieg Larsson. Larsson murió repentinamente en el 2004 luego de entregar a su editor la tercera entrega de Millennium. Luego de su muerte los libros se hicieron best sellers y volvieron al fallecido autor en un ícono de la novela negra a nivel mundial. De los tres libros se hicieron las películas suecas, que tuvieron también gran éxito. El primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres, nos cuenta la historia de Henrik Vanger, un viejo empresario que pierde a su sobrina sin saber nunca qué fue de ella. Extrañamente cada año en la fecha de su cumpleaños Henrik recibe una flor enmarcada, lo que lo hace pensar que ella sigue viva. Es por esto que contrata al periodista Mikael Blomkvist para que lo ayude a resolver el misterio. Pero Mikael no puede solo y contrata a Lisbeth Salander, una hacker que lo ayudará y será la heroína el resto de los libros. De este libro se hizo también la versión inglesa, protagonizada por Daniel Craig y Rooney Mara, bajo el nombre de La chica del dragón tatuado. Esta película fue sumamente fiel al libro, conservando detalles importantes de la historia, pero sobretodo haciendo real los personajes, ya que cada uno había sido escogido cuidadosamente para su papel. Hubieron dos problemas importantes con esta película, el primero que el dinero recaudado no fue lo esperado por Sony Pictures, ya que al tener un éxito tan grande en la venta de libros querían que la película fuera algo similar a Harry Potter o a Crepúsculo en taquillas. El segundo problema estaba en que el libro es sumamente visceral y violento, algo que el director David Fincher quiso conservar y llevarlo a la pantalla, es por esto que vemos como Lisbeth es abusada sexualmente y luego se venga de su violador de una manera sádica. El público que usualmente no suele ver estas escenas en pantalla grande la criticaron fuertemente, mientras los fans de alguna manera estábamos complacidos del respeto hacia el libro.

Larsson dejó la saga incompleta: eran siete libros y solo entregó tres. Como ya se habían vendido los derechos, el periodista sueco David Lagercrantz fue el encargado de continuar con la saga. Los dos últimos libros de Lagercrantz no alcanzan al autor original, porque aunque nos da a los seguidores de Larsson respuestas que estábamos esperando, el nivel literario queda muy por debajo. Es así como Sony Pictures queriendo continuar la historia inconclusa y para ahorrarse un dinero por los derechos de autor decidió saltarse los dos libros escritos por Larsson y pasar directamente a la historia continuada por Lagercrantz, llevando a la pantalla Lo que no te mata te hace más fuerte, conocida en inglés con el nombre de La chica en la telaraña.

En la mayoría de los casos se entiende que los cambios que se hacen son necesarios para que el público que no ha tenido contacto con el libro pueda entender mejor la historia, en otros casos porque los guionistas o directores consideran que no serían una parte interesante durante la película. En fin, los motivos de los cambios pueden ser muchos, pero en este caso creo que no hay motivos suficientes para los cambios que se le hicieron a la historia. Este film se aparta no solo de los libros originales sino que también se aparta del nuevo, los fans de la saga quedamos con la sensación de que lo único que quedaba eran los nombres de los personajes.

Sony hizo mal no solo al insultar a los fanáticos de esta manera, sino también porque al querer “continuar” la historia dan por hecho que el público vio la película anterior y comenten un sin fin de errores. Por ejemplo, ponen actores mucho más jóvenes de lo que son los de la película anterior, no cuentan realmente quiénes son los personajes y simplemente se les ve saltar a la acción, cosa que deja perdida a la audiencia nueva que esperaban atraer. Como había dicho el nivel literario de Largercrantz se queda corto con el de Larsson, pero es cierto que lo que pudo lograr fue seguir con la coherencia en sus personajes, cosa que la película tampoco respeta.

Puedo mencionar múltiples cosas que se apartan de la historia original y que hacen que se pierda todo el sentido de la historia. Al principio de la película vemos a dos hermanas muy unidas, cuando en el libro desde pequeñas se detestan. En la misma escena se nos muestra que el padre de ambas abusaba de ellas, cuando realmente aunque el personaje es un total cabrón, nunca les puso las manos encima a ninguna de las dos. Claire Foy es una buena actriz y eso no se niega en la película, pero Rooney Mara logró ser la encarnación viva de Lisbeth anteriormente. Lisbeth es una hacker, con un look gótico y punk, con mente fotográfica, desconectada emocionalmente porque posiblemente sufre del síndrome de Asperger, en esta película simplemente es una hacker que realmente pareciera que oprime un botón y todo está hecho, además de eso sumamente emocional. Mikael Blomkvist es uno de los periodistas más importantes de Estocolmo, apasionado por la investigación y con un ego muy fuerte, convertido ahora en un periodista que duda a la hora de escribir y que parece simplemente un personaje secundario.

Tal vez el público no está acostumbrado a historias en las que la acción no es constante, por lo cuál de manera desesperada ponen bombas, disparos y peleas para mantener la atención del público, pero lo cierto es que esta historia es interesante mucho más por su suspenso en la trama que por la acción. Es decir: nos quedamos sin historia coherente, sin personajes reales y sin saber de dónde vinieron realmente. Asistimos entonces nuevamente al funeral de Stieg Larsson, solo que esta vez lo enterraron para robarlo, para hacer de una obra tan compleja otra película de Hollywood donde lo que único que importa son las explosiones, las balas y el dinero de la taquilla.

Eternal Bohemian Rhapsody

Imagen tomada de: https://bit.ly/2z28Kyb

Narrar la historia de una banda legendaria no es nada fácil. Se necesitarían varios libros, uno tal vez por cada miembro de la banda para saber quiénes eran cuando se conocieron, cómo se conocieron y como fue que permanecieron juntos para volverse una leyenda. Pues lo primero que se hace si se quiere llevar esa historia al cine es recortarla, es decir, contar la vida de solo uno de los miembros de la banda. El trabajo de escoger en este caso era sencillo, sólo un miembro de la banda ha muerto, el mismo que compuso una de sus canciones más legendarias: “Bohemian Rhapsody”, el miembro de la banda que era homosexual, y un artista extrovertido como pocos en el escenario, la voz principal: Freddie Mercury.

A pesar de centrarse en Mercury, resulta difícil también contar su historia en solo dos horas, ya que no era un personaje simple. Su talento, sus performance, su sexualidad y su modo de vida una vez alcanzó el éxito hicieron de su vida difícil de contar en poco tiempo. Es por esto que la película “Bohemian Rhapsody” es el tributo perfecto para Freddie. La película nos muestra los momentos tal vez más importantes en su vida y en los de la banda (con uno que otro cambio en la cronología o en los hechos como en cualquier film), además de potenciar nuevamente su música, que aunque nunca ha pasado de moda puede ser realmente el fin de la película.

Bryan Singer (X-Men: Apocalypse – 2016, SuperMan Returns 2006) hace uno de sus mejores trabajos, en especial en los detalles y ambientaciones de los lugares, lo que da como resultado escenas casi idénticas a las originales. Los actores son similares físicamente a los personajes reales y hacen un buen playback, la banda sonora (no solo es Queen durante toda la película) en los momentos precisos, así como el uso de el sonido original de la banda en vivo contribuyen a la “realidad” de la historia que quiere transmitir. Es también la final salida de Rami Malek como un actor de peso, ya que aunque venía protagonizando la serie Mr. Robot, es en esta película cuando desarrolla todo su potencial, casi que logra hacernos creer que es Mercury aunque no tenga su misma masa corporal, pero él lo cree y nos lo hace creer a nosotros.

Muchos de los críticos en este momento resaltan los errores en la cronología de la película, pero como dije antes no es sencillo contar la historia en solo dos horas. Vale la pena realmente ir a verla por intentar conocer de alguna manera la historia de la leyenda y de una de las bandas más emblemáticas de Londres, por sentir de alguna manera la emoción de su presentación en el concierto Live Aid de 1985, por sentir dolor nuevamente al conocer la enfermedad de Freddie, por saber que hasta sus últimos días estuvo luchando, pero sobre todo por lo que es conocido Queen: por su música.

El óceano en una tina

Imagen tomada de: https://bit.ly/2PFFl6c

“Ojalá la vida pudiera ser más como las telenovelas, entonces, siempre que las cosas se pusieran dramáticas tú podrías desaparecer la imagen y retomar las cosas de nuevo más tarde” — Fundido a negro. Ésta es una de las secuencias que describe el estilo cómico dramático que imprime Richard Ayoade, en su debut como director, en la película inglesa de coproducción estadounidense “Submarine”, basada en la novela homónima de Joe Dunthorne.

La historia cuenta la vida de Oliver Tate (Craig Roberts), un adolescente de 15 años en los años 80’s que como la mayoría a esta edad se encuentra en una búsqueda desesperada de su identidad personal. Oliver comienza una relación amorosa con Jordana Bevans (Yasmin Paige), una chica de su escuela a través de la cual pretende conseguir aceptación pública y perder la virginidad. Las personalidades opuestas de esta pareja comienzan a converger en un amor cómplice que crece a una velocidad más apresurada de lo que lo hacen sus inocentes protagonistas, quienes deben vivir su amor en medio de una crisis que afecta a cada una de sus familias.

El inmaduro e inexperto Oliver deberá encontrar la forma de evitar la disolución del matrimonio de sus padres sin perder en el camino a Jordana, que se enfrenta a la grave enfermedad de su madre. Desde los movimientos de cámara que reafirman la sensación de omnipresencia con la que Oliver narra su perspectiva de la vida, hasta el montaje acompasado entre las voces de los personajes y la música de los Arctick Monkeys, que por momentos revela la influencia del videoclip que posee su director, crean una producción audiovisual que transforma un tema tan común en una película con mirada surrealista de un antihéroe que se enfrenta a la lucha a la que nos enfrentamos todos, vivir en lo común de forma extraordinaria siendo capaces de seleccionar los daños colaterales de crecer. Este es quizás uno de los elementos argumentativos más interesantes de esta obra, un protagonista que dentro sus rarezas no deja de lado todo aquello que nos hace tan imperfectos, tan humanos. El director se encarga desde el guion de que la caracterización encarne personajes egoístas, mezquinos, débiles e hipócritas con la misma capacidad de amar como de odiar.

“I suppose it won’t matter when I’m 38, but I’m upset about it”

Oliver Tate

No se puede demeritar la apuesta arriesgada que se juega el filme frente a un público mayoritario que busca en cada visualización encontrar la empatía directa con el protagonista o al menos conservar la ilusión de realidad con la que sin titubear Ayoade rompe, dejando que sus personajes miren a cámara, pero sobretodo concibiendo un montaje que no tiene ningún reparo en yuxtaponerse para fracturar la sensación cómoda de temporalidad y objetividad. Con todo esto no es de sorprender que la película haya recibido premios a mejor guion en el Festival de Cine Independiente Británico y un NME (New Musical Express) a mejor película, y es que es innegable la brillantez que ha logrado transmitir Ayoade en su primer filme, que sin miras a la pretensión logra cautivar de una forma poco acostumbrada con una estética alternativa un guion que al final se siente como una brisa marítima innovadora en un mar de historias adolescentes melodramáticas y hostigantes.

Sofía Quintero Rodríguez

Más allá de un amor de verano

En algunos casos los premios nos pueden decir qué esperar de una película. En este caso con más de veinte nominaciones en diferentes premios y categorías (entre ellos nominación al Óscar como mejor película), que le dio a James Ivory el premio Óscar de Mejor Guíon Adaptado, y ganadora de mejor película en los Premios Gotham, entre otros,  Call Me By Your Name es una historia centrada en el deseo y la juventud, más allá de los premios, o de que el deseo que se produce es entre dos hombres, es una historia que merece ser vista o leída.

Me referiré al libro y a la película como la historia, haciendo diferencia entre ambos cuando sea necesario. Elio es un chico de diecisiete años, algo introvertido y muy inteligente, cuyos padres tienen la costumbre de invitar estudiantes de doctorado a quedarse en su casa de verano en Italia. A cambio del hospedaje, el huésped debe ayudar al padre de Elio, en sus obligaciones y labores académicas. En un principio, Elio posee cierta molestia hacia Oliver, el nuevo huésped este verano, pero a medida que avanza la historia se muestra que la molestia es realmente un mar de sensaciones que le invaden por él. Como dije antes, esta historia se centra en el deseo y en la juventud, tanto el libro como la película abordan de manera original el deseo entre dos hombres, sin caer en repeticiones de otras historias. Ésto último algo difícil de creer, teniendo en cuenta la innumerable cantidad de libros y películas con ésta temática, y es tal vez porque en la historia no se habla del tema de ser gay como un problema, ni es el tema central, Elio como tal no sufre ni pasa mucho tiempo pensando en por qué le atrae Oliver, incluso en libro lo que lo hace sentirse más extraño es el hecho de que Oliver pueda fijarse en él. En la película se muestra más es el juego de desidias y coqueteo, como disfrutan una vez dan rienda suelta a lo que sienten por el otro sabiendo que el tiempo apremia. En el libro la problemática que desarrolla es el amor desbordado que siente Elio hacía Oliver y lo difícil que será dejarlo cuando el verano acabe. Incluso los padres de Elio resultan ser bastantes comprensivos con la relación que se desarrolla entre los dos, sin que les moleste tampoco el hecho de que Oliver sea seis años mayor que Elio. Una de las partes más álgidas de la historia es la conversación que Elio tiene con su padre, en torno a lidiar con los sentimientos después de una ruptura amorosa, una escena cargada de sinceridad y emoción. 

La película le hace honor al libro, con las imágenes más fieles posibles intentando expresar todo aquello que queda por fuera del film, bien merecido tiene el Óscar James Ivory por poder convertir esta historia sin quitarle su esencia el libro.  Con un soundtrack muy bien cuidado, tal como la canción de “Mystery of Love” escrita e interpretada por Sufjan Stevens especialmente para el film. Las interpretaciones brillan por su naturalidad y limpieza, y es que no por nada se considera que Timothée Chalamet (quien interpreta a Elio) hizo el papel que lo ha llevado a la fama y a protagonizar más películas; o la de Michael Stuhlbarg (el padre de Elio) que en su papel logra conmover a los espectadores.  El final de la película llega mucho antes que el del libro, pero lo hace en un punto clave, en el que no hace falta decir más, es el final del verano, el final de una historia. Mientras que en el libro el autor se toma el trabajo de darnos a conocer lo que sucede con ambos personajes incluso unas décadas más tarde, la película cierra en el invierno siguiente al verano, ya la historia de amor se contó de manera magistral  y pocas veces uno quiere saber qué pasa después de que una relación tan intensa termina. Aunque el director piensa distinto, ya que después del éxito de la película ha anunciado una segunda parte, alejándose un poco de lo que está en el libro, personalmente dudo que pueda alcanzar el éxito de la primera.

Si me preguntan, no, nadie debería ver la película, porque no es una cuestión de deber, solamente tendría que verse para el disfrute, porque la película está diseñada para adentrarse en un viaje de los sentidos. Una historia con la que cualquiera puede sentirse identificado en lo que es ser joven, en ese indescriptible sentimiento de las primeras emociones, de los primeros descubrimientos del gusto y del querer. Es una historia en donde se muestran hermosos paisajes de Italia, exuberantes en la película, de alguna manera para darle esa sensación de juventud y un paraíso añorado. Es la historia de un verano inolvidable, del primer amor, de ese que nos marca, es la historia de Elio en el punto exacto del cambio entre joven y hombre, intentando descifrar el deseo, descubriendo lo que significa enamorarse,  lo que significa amar, todo esto en lugares idílicos de los que uno quisiera hacer parte.

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